Cincuenta sombras de Grey de E. L. James obtuvo el premio al libro de ficción del año (National Book Awards 2012) en el Reino Unido. El protagonista es un personaje imposible que no puede dejar de leerse. Sin embargo, la construcción de Christian Grey está plagada de incongruencias, igual que casi todo en la novela.

¿Por qué Grey no no se sostiene como un personaje verosímil, a pesar de su magnetismo, a pesar de que representa el sueño romántico de las lectoras? Aquí cinco de sus sombras narrativas más evidentes.

Esta novela, cuyo género es definido por algunos como "porno para mamás", tiene cautivas a millones de mujeres de todo el mundo y ahora cuenta también con el reconocimiento de la industria editorial británica. Lleva más de 20 millones de copias vendidas y se ha traducido a multitud de idiomas, entre ellos el albano, el chino, el ruso, el serbio y el vietnamita.

El revuelo, como era de suponerse, desemboca en una próxima adaptación cinematográfica. Hay rumores de que Bret Easton Ellis está interesado en escribir el guion, y se habla de que Matt Bomer, Robert Pattinson, Ian Somerhalder, Michael Fassbender y hasta Ryan Gosling podrían interpretar al señor Grey, mientras que para Anastasia se piensa en Emma Watson y Mila Kunis, entre otras candidatas.

La trilogía Cincuenta sombras tiene sus detractoras, pero se ha convertido en la favorita de muchas (muchísimas) adolescentes, jóvenes, señoras y viejitas. Las fans sueñan con encontrar al Christian Grey de su propia historia, en un intento de habitar el cuento de hadas mezclado con la novelita de Corín Tellado, en versión BDSM ligero.

La mayoría de los hombres, en cambio, encuentra la historia poco llamativa o la considera basura. Y es cierto: Cincuenta sombras de Grey es basura. Basura adictiva y apetitosa. Porque, hay que reconocerlo, las novelas que se dejan devorar tienen su mérito, independientemente de los baches narrativos. Y qué mejor si contienen pornografía con tintes emocionales de fácil acceso.

Aunque gran parte de nosotras está consciente de que Cincuenta sombras de Grey sufre de grandes defectos, la leemos compulsivamente: decidimos sacrificar la verosimilitud y la inteligencia en pos de Christian Grey, ese magnate hermoso, seductor, supuestamente sádico y gratamente imposible.

Porque, con todo y los clichés, las inconsistencias y el mediocre fluir de conciencia de la protagonista, Christian Grey se las arregla para funcionar.

Como sea, es imposible no ceder a la tentación de enumerar los defectos de su construcción. Cinco, por lo menos.

(Aclaro que mis consideraciones se refieren al primer tomo, que es el que estoy leyendo. Es decir, no he leído los otros dos.)

  1. Lo primero y lo más evidente: su juventud no convence. El hombre que estoy leyendo tiene más de 30 años. Y, si de veras tiene los 27 que le asignan en la historia, que se ofrezca alguna justificación de su temperamento; es decir, una más clara.

  2. No tiene defectos verdaderos. Los personajes bien construidos se rompen, sufren de debilidades, y eso los vuelve posibles. Las debilidades de Christian Grey son de utilería. Se supone que carga con un pasado oscuro, y que está cincuenta veces jodido, pero no se comporta como si lo estuviera.

  3. Parece tener un carácter definido, pero no es así. Christian Grey es una veleta: pasa del spanking a la incómoda escena en que baila una canción de Frank Sinatra con Anastasia. Y, después de mostrarse impenetrable, corre a la habitación de Ana a la primer provocación, un gesto que un verdadero controlador no mostraría. Y, si Christian Grey no es un verdadero controlador, todo el alboroto que se arma en la mente de la protagonista está de sobra. Entiendo que todas quedemos conmovidas con sus tendencias paternalistas, pero en la realidad nada de eso se sostiene.

  4. Su carácter se construye a partir de lugares comunes baratos. Pienso en esas escenas en que lo vemos conduciendo un helicóptero o tocando al piano una transcripción de Bach. La segunda en particular resulta entre hilarante y vomitiva. Y, no conforme con habernos recetado un cuadro tan ridículo, la voz narrativa remata afirmando: "Christian Grey tiene un lado triste." Pasen las bolsas de mareo, por favor.

  5. Si no duerme con mujeres, si no entra al juego de las relaciones amorosas y las novias, ¿por qué pasa la noche con Anastasia en cuanto se puede?, ¿por qué le tiene tantas consideraciones?, ¿por qué se enamora de ella? Su enamoramiento no tiene fundamentos. Es decir, todas caemos rendidas ante los encantos de Christian Grey, eso es lógico... ¿pero ella?, ¿qué características tiene ella como para enloquecerlo? Nos faltan explicaciones.

Un hombre dominante como Grey, por lógica, tendría que preferir los retos. Y no tiene ningún mérito dominar a una mujer como Anastasia (quien por cierto, padece de más incongruencias que el propio Grey).

Es muy fácil que la mujer promedio se identifique con la protagonista, lo cual explica en gran parte el éxito de la novela en cuestión de ventas. Pero la identificación, en este caso, es inverosimilitud pura.

En conclusión, un hombre despampanante, bien vestido, millonario y controlador (seductor y controlador) no podría existir en el plano de la realidad. Y eso le resta encanto a la lectura: sabemos que los sucesos de la narración no tienen cabida en el mundo verdadero. Christian Grey es perfecto en tanto imposible. Y cuando nos preguntamos constantemente qué tan verosímil es lo que leemos, la historia por sí misma se va al carajo.

La novela tiene mucho que aprender de Historia de O (Pauline Réage), Justine (Marqués de Sade) o Lolita (Vladimir Nabokov), de autores como D. H. Lawrence, Henry Miller y Anaïs Nin. O de películas tan bien logradas como Secretary, en que nos encontramos con protagonistas humanos, con vicios a veces profundos, a veces tangibles, complejos y creíbles.

Y, de todos modos, no podemos parar de leer. Por lo menos yo no puedo. Porque el asunto del BDSM aparece suavizado y se convierte en elemento idílico, porque no estaría nada mal que existiera un hombre como Grey y que me virtiera encima unas cuantas posibilidades (imposibles en cualquier plano). Punto para E. L. James y sus personajes de pacotilla.

Por cierto, tengo mucha curiosidad por ver la historia adaptada en cine, y me encantaría que Matt Bomer interpretara a Grey, con todo y que le falta un poco de estatura. ¿Qué opinan ustedes?

Fotos: Mercado Libre, La Revista, Fanpop