Hace un par de meses, York publicó una lista de cosas molestas que la gente hace en las funciones de cine. Quién sabe por qué, pero hay espectadores que, como si nada, se ponen a platicar en plan festivo, a jugar con sus gadgets. Otros hasta llevan a sus hijos, mismos que no paran de hacer preguntas e importunar. Todos estamos familiarizados con el problema. Y el cine Prince Charles de Londres decidió ponerle un alto, valiéndose de un pequeño ejército de ninjas voluntarios, listos para reprender al público que no se sabe comportar.

Este asunto de la gente que se porta mal en el cine se recrudece en verano y en invierno, cuando se exhiben las películas más taquilleras. Seguramente yo tampoco estoy libre de pecado. Nadie lo está. Pero hay de pecadores a pecadores, y los que vociferan con descaro durante las funciones merecen ser amedrentados por ninjas.

Por eso, el cine londinense Prince Charles le pidió a un grupo de voluntarios que se enfundaran en trajes de licra, parecidos a los de los ninjas de las películas, y se dispusieran a vigilar el buen comportamiento de los espectadores. A cambio, los ninjas de la paz reciben un boleto de cine gratis. Y se sitúan en una butaca, igual que el resto del público. Ven la película, la disfrutan si vale la pena. Pero, si uno de esos niñitos que abundan se atreve a preguntarle a su mamá, generalmente a gritos, quiénes son los buenos y quiénes son los malos, los ninjas se aproximan a él y le piden que calle su boca.

No estoy enterada del procedimiento exacto, pero me encantaría que estuviera lleno de violencia simbólica: un ninja silencioso que de repente le saca un susto de infarto al descarado que está mandando mensajes desde su iPhone sobreiluminado. Obvio, no creo que sea el caso, sólo digo que me encantaría. ¿Que si los ninjas pueden provocar traumas a los niños, a los platicones y a los esclavos de su teléfono móvil? Mejor, de eso se trata. Si no quieren morir de pánico, que aprendan a callar, a apagar los gadgets, a dejar a los niños encargados con la niñera (o a no tenerlos, en el mejor de los casos).