El autosabotaje suele dar al traste con los buenos hábitos, no pide permiso. Ahora sí estoy consiguiéndolo, te dices. Y de pronto, al primer descuido, te sorprendes a ti mismo perdiendo el tiempo, haciendo algo que ni siquiera te interesa tanto, que no te da satisfacción.

No creo en la productividad como una tabla salvadora. Pienso que cada quien produce y trabaja a su ritmo. Los que unos juzgan de improductivo resulta estimulante para otros. Pero sí considero que sabemos tomarnos la medida, notar que atravesamos por períodos inmóviles. No cumplir con lo que nos proponemos nos deja flotando en el limbo. Qué miedo quedarse flotando ahí. Somos capaces de detectar el autosabotaje, pero hacemos como que no. Y, lo peor, una vez que estamos instalados en la indisciplina, cuesta trabajo escaparse. Somos los reyes absolutos de los círculos viciosos. Así que más vale evitar ciertos hábitos. Si no estamos dispuestos a remediar nuestra indolencia, de perdida hagámonos conscientes de que nuestra voluntad necesita muletas, cuando no silla de ruedas. Aunque sea difícil, más nos vale estar atentos a las señales. Aquí, 7 de las más comunes.

Autosabotaje - tiempo perdido

  1. Comer por tedio, inconformidad o impaciencia. O, lo que es todavía más deshonroso, para postergar actividades. Cuando comemos para perder tiempo o en respuesta a las emociones, nos ganamos crudas morales que son breves pero pegadoras. Soy partidaria de comer sin hambre, de comer por antojo y hasta por inmoralidad. Pero comer de pereza es convertirse en la pereza misma. Si el enojo o la decepción te aquejan, azótate, llora, haz berrinche. Fúmate un cigarro o varios si quieres. Si lo que estás haciendo es tedioso, ponte a leer, por dios. Pero no te atasques.

  2. Perderse frente al televisor. Una cosa es sentarte a ver un programa que te interesa y otra quedarte ahí, como zombi, cachando lo que se puede y dejando que la televisión te rebase. Yo dejé de ver televisión hace tiempo, pero cuando la veía, me daba cuenta de que a veces estaba ahí sin ganas legítimas. Como soy una practicante experta del vicio, ahora sustituyo la televisión con otros distractores estériles.

  3. Pasar demasiado tiempo en internet. A veces el "trabajo" se acumula en las redes sociales. Quieres actualizarlas todas y les dedicas más tiempo del que tienes. Son como hijos. Por eso hay que establecer prioridades, organizarse. El problema viene cuando ya no tienes nada que hacer en Facebook y sigues entrando a todos los enlaces de tus contactos, cuando lees tu timeline de Twitter como si se tratara de la novela de la década.

  4. Inventar compromisos, fabricar pretextos. Me refiero a esas instancias en que te pones a trabajar o estudiar rogándole a dios que tu mejor amigo te llame para pedirte ayuda con algo, y tengas que salir corriendo en su auxilio. También sucede que fraguas una reunión de bienvenida para Fulanita, que acaba de volver de un viaje, y vuelcas tus energías, tu dinero y tu tiempo en organizar una fiesta que ni siquiera te entusiasma, pero que te sirve de excusa para posponer lo que te habías propuesto. Somos capaces de llegar a extremos ridículos. A veces, además de inventar fiestas, asistes a fiestas que ya estaban inventadas pero que en el fondo querías saltarte para sentirte muy productivo al día siguiente. Entonces tu fuerza de voluntad se raja, vas a la fiesta, te emborrachas, eres el último en despedirse y después no te la acabas con el arrepentimiento y la resaca. Mal por ti.

  5. Culpar al clima y otras circunstancias ajenas. No le ruegas a dios que tu mejor amigo llame para pedir auxilio, pero sí que caiga un rayo, que haya un accidente de tránsito lo suficientemente aparatoso para impedirte llegar a un destino que tú mismo señalaste. Me juré comenzar a hacer ejercicio esta semana, te dices, pero no voy a poder empezar porque está lloviendo o porque están reparando un bache aquí a la vuelta. Esta estrategia de autosabotaje se basa en tácticas dilatorias que retrasan comienzos y nos doran la píldora, nos evitan hacer de una vez por todas lo que, según nosotros, tenemos verdaderas ganas de hacer.

  6. Operar en sentido contrario. Este punto es una síntesis de todos los anteriores: como si estuviéramos en el mundo del revés, actuamos a la inversa. Decidiste comenzar la limpieza de tu depa mañana mismo, por lo que te convendría levantarte temprano, pero ahí estás muy campante, a las dos de la mañana, en una sobremesa que comenzó a las diez, y no tienes para cuándo despedirte. Entonces... ¿no que querías limpiar tu depa? Otro ejemplo: sabes que tienes tarea pero te sacas de la manga que, para recordar los puntos de tu ensayo, necesitas consultar un archivo en línea. Y, de paso, te quedas horas viendo un Tumblr de gatitos. En resumen, haces lo contrario a lo que debes, terminas postergando, presidiendo la convención de la chapuza.

Autosabotaje - comer como procrastinación

La disciplina es tardada y espinosa, una chica de buen juicio que no se va a la cama con cualquiera. Para conseguirla, hay que pasar por algunas incomodidades, deshacer patrones propios, lo cual se acerca a la esquina de la imposibilidad sin dar la vuelta.

Te estoy diciendo qué no hacer, pero no te digo el camino para evitarlo porque yo misma lo desconozco. Tengo rachas de repetido autosabotaje. Por fortuna, no atravieso por una de ellas ahora. Se hace lo que se puede. A mí me funciona, por lo menos de lunes a viernes, establecer horarios para todo: lectura, caminata, trabajo, limpieza, comida, cine, Apalabrados. Y no siempre los respeto, pero el hecho de que existan en la agenda me ayuda a no sentirme tan a la deriva. Me imagino que cada quien busca sus propios métodos. ¿Cuáles son los tuyos?

Fotos: katie ruthh, gothick_matt