Buscando versiones en español del Jabberwocky a altas horas de la noche, terminé en una página de Internet que planteaba la teoría de que, Jack el Destripador, famoso asesino en serie del que todos hemos leído o al menos hemos escuchado hablar, pudo haber sido el escritor Lewis Carroll. Supuestamente, este escritor llevaba un diario en el cual solía escribir siempre con tinta negra, a excepción de alguna veces que lo hacía con tinta roja, las cuales misteriosamente coincidían con las fechas en las que se cometieron los asesinatos de Whitechapel. Sinceramente, considero que sólo son teorías de conspiración, pero aún así me pareció interesante. Finalmente y después de leer varios mitos que giran alrededor su persona, me topé con un aspecto de su vida que me era desconocido, su pasión por la fotografía.

La obra de Lewis Carroll dista de ser popular, pero es tan buena que esta considerada como una joya de la fotografía de la época Victoriana. Se estima que su colección ascendía a la cantidad de 3,000 fotografías, de las cuales sólo se conservó una cuarta parte. Carroll, solía retratar principalmente a niñas, lo cual despertó muchos rumores acerca de una supuesta pedófilia, pero su habilidad no se resumía solamente a esto, también lograba excelentes tomas de muñecas, árboles, esqueletos y perros. El paso de este escritor por el mundo de la fotografía se vio interrumpido cuando, después de 24 años de constante producción fotográfica, el autor del hito literario, Alícia en el Pais de las Maravillas, decidió sin razón o motivo aparente abandonar este arte.

Su trabajo me parece magnifico, además creo que el hecho de que sea un lado completamente desconocido de Carroll, lo hace todavía más interesante. El poder echar un vistazo a como este escritor veía el mundo a través del lente, sólo me hace apasionarme más por la vida y obra de este escritor enigmático que, sin duda, figura entre mis favoritos.