Disfruto de un buen café en el Bar Iberia de Buenos Aires y recuerdo que en mi adolescencia, cuando mi madre y yo teníamos un café, alguna vez experimenté usar las sobras del café para pintar. Unas amigas y yo nos pasamos horas explorando las diferentes maneras de aprovechar las exorbitantes cantidades de café que dejaba la máquina de expresos. El gusto por experimentar con esta aromática tintura natural no pasó más allá de unos cuantos dibujos.
Por ello me ha dado mucho gusto encontrar el...
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