En días recientes William Gibson, uno de los autores sagrados de la ciencia ficción, fue entrevistado por Wired, y compartió algunas de sus ideas sobre el papel del escritor de esta clase en esa eterna pelea entre su visión del futuro y aquello en lo que termina convirtiéndose con el tiempo.

Por ejemplo tenemos el caso de Julio Verne o Phillip K. Dick, quienes en sus obras vislumbraban un futuro con una sociedad y tecnologías asombrosas, pero bueno, estamos ya en el año 2012 y aun no hay máquinas del tiempo, ni robots humanoides tan avanzados, ni interfaces que táctiles que puedan reproducir el futuro como un video, vamos, que a lo más que hemos llegado es al iPhone 5.

"Siempre estamos equivocados, y eso no es malo". Es básicamente la postura de Gibson sobre este hecho. Lo que me resulta bastante curioso, al toparme con esta noticia en Yahoo, donde reseñan el descubrimiento de unas tarjetas postales que datan del siglo XIX en Francia, donde diversos artistas ilustran cómo visualizaban que sería París en el año 2000.

Producidas entre el año 1899 y 1910, hay muchas cosas que incluso ahora cien años después parecen disparatadas, como los bomberos voladores, o los aristócratas jugando croquet bajo el agua. Pero hay algunas otras imágenes que son bastante aproximadas a lo que vivimos hoy, como los dirigibles, los patines eléctricos, la consola de música, y el perchero con brazos mecánicos que corta el cabello, bueno, ese último tal vez no.

"Los escritores de ciencia ficción no son adivinos. Los adivinos son embusteros o charlatanes. De vez en cuando puedes encontrarte con autores que expanden su imaginación más allá de la línea, lo suficiente para imaginar algo que en el presente será real. Eso es genial, pero no mágico..."

Aunque comparto el punto de vista de Gibson, hay algo fascinante al observar el futuro con otros ojos, unos ya muertos, del pasado.

Fotos: Yahoo