Holly Golightly, que vio la luz en 1958, es un icono popular cuya fecha de caducidad sencillamente no tiene cabida en el panorama. Su desfachatez ingenua, su búsqueda extraviada de libertad, sus declaraciones sobre cualquier cosa nos siguen fascinando. "Si encontrase un lugar de la vida real en donde me sintiera como me siento en Tiffany's, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato", dice cuando habla de los remedios posibles para curarse la depresión.

Truman Capote supo construir una personaje compleja, encantadora, con una voz y un temperamento que deslumbran. Siempre que un escritor, es decir, un hombre, logra recrear tan certeramente una voz femenina, me sorprendo. Lo que encontramos en Desayuno en Tiffany's es muy diferente a lo que se lee en A sangre fría y otras obras del mismo autor. No soy experta en la narrativa de Capote, precisamente porque A sangre fría, lo primero que leí de él, con todo y su estructura impecable, se sale del conjunto de mis debilidades literarias. En cambio, soy experta adoradora de Holly Golightly, su mean reds, su no pertenencia y su gato que no es suyo.

Breakfast at Tiffanys

Sin Holly Golightly nunca hubiera existido, por poner un ejemplo, alguien como Carrie Bradshaw (Sex and the City), que funciona como una versión sin nitrógeno de la original, aunque también con su buena dosis de encanto. Piensen en las personajes ligeras, hermosas, bien vestidas y cosmopolitas de la literatura y el cine contemporáneos, y encontrarán el germen de Holly en la mayoría de ellas. Tenemos una versión trashy de Holly en Violetta de Diablo Guardián (Xavier Velasco), y otra, más intrépida, en la Gatúbela de Christopher Nolan, aunque esa chica bellísima y vestida de negro, interpretada por Anne Hathaway, no sea Gatúbela en realidad.

Porque, fíjense que cosas, todas queremos ser Holly Golightly, no importa que algunas no se hayan dado cuenta. Queremos ser ella no a pesar de su liviandad y su vocación de perdida, sino precisamente por esas dos características, que son el complemento justo de esa encantadora imperfección.

¿Qué tiene Holly Golightly que nos hace adorarla? Los dejo con seis respuestas, en caso de que una no les parezca suficiente.

Audrey Hepburn como Holly Golightly

  1. Ninguna otra personaje ejerció jamás la prostitución desde una postura tan ingenua. Holly es astuta, sí, es vanidosa y frívola, es ambiciosa, pero a veces llegamos a preguntarnos si ella misma se da cuenta de que se está prostituyendo. Lleva una vida de fiestas y glamour, pero detrás del oropel nos encontramos con un ser vulnerable que mataría por un poco de afecto. Es una oportunista que enternece. Y nos encanta quedar enternecidos, incluso si nos negamos a reconocerlo.

  2. Por supervivencia, por diversión, por querer creer que domina alguna materia, Holly es festiva. A veces, con un dejo de tristeza. Su jovialidad convence a los demás de que todo está bajo control y, al mismo tiempo, le sirve para convencerse a sí misma. La deprimen los domingos porque representan el fin de fiesta. Entonces, Holly necesita ir a Tiffany's y jugar a vacunarse contra la realidad. Mientras tanto, bebe, se rodea de hombres adinerados, hace todo lo posible por no enamorarse, lo pasa bien.

  3. Su aspecto es inmejorable. Holly sabe vestirse. Su guardarropa es pequeño, pero cuenta con lo necesario para lucir encantadora. Un gran acierto que Capote haya armado una personaje al rededor de esos detalles. En uno de mis pasajes favoritos, un hombre la abandona y se lo comunica mediante una carta; ella sospecha que la están mandando al diablo, entonces pide que le acerquen su bolso, saca un espejo y un lápiz labial: "Para leer esta clase de cartas hay que llevar los labios pintados", explica. Ergo, imposible no amarla.

  4. Es especialista en la evasión. Las fiestas, la ropa costosa, los hombres que la rodean, la relación con el escritor y hasta con el gato: todo va encaminado a no formar parte del mundo. Holly Golightly es una digna representante de la huida. En la novela, de hecho, la huida es su destino final. Discúlpenme el spoiler, tenía que decirlo. Porque, de todas sus aristas, ésta es la que más me convence.

  5. No pertenece a nadie. Pasa las noches con uno y con otro y con otro más, pero es imposible poseerla. Su relación con el gato es una alegoría de su temperamento, una no-relación que los define a ambos. Miss Holiday Golightly, viajera, dice su tarjeta de presentación: un nombre liviano, transitorio. Holly es una "desviacionista romántica" cuya trayectoria marcha en paralelo a la de un gato que no tiene nombre por dos razones más que meritorias: primero, Holly intuye el sentido de pertenencia que nace de nombrar a los seres... y no quiere ser dueña del gato, del mismo modo que no quiere saberse propiedad de nadie; y segundo, Holly entiende al gato como un reflejo de ella misma. Holly, esa embustera que aspira sólo a ser dueña de su propia vida.

  6. No sé quién haya corrido con más suerte, si Audrey Hepburn o Holly Golightly. Pero fue un acierto que la actriz interpretara a la personaje en la versión cinematográfica. Aunque no es idéntica a la Holly construida por Capote, resultó perfecta para la adaptación. Nunca puedo ser objetiva, pero en este punto mucho menos: Audrey es la mujer más bella que haya pisado este planeta, y su papel en Desayuno en Tiffany's es definitorio de esa belleza.

Holly en fiesta

Nota adicional. En la novela, el narrador, que es quien se enamora de Holly, tiene tipo de imperceptible. Capote lo hizo a propósito. Decidió dejarnos conocer a su personaje a través de los ojos del hombre ordinario, alguien incapaz de despertar curiosidad por sí mismo. Es ella quien nos deslumbra, pero no sabríamos reconocerlo sin él.

Un aplauso para Capote, por favor.

Holly Golightly y su gato
Holly Golightly, Desayuno en Tiffany's
Holly y Paul
Holly Golightly pintándose los labios
Holly Golightly en la cocina

Fotos: University Lifestyle, CT News, Eloise, Scents of Self, Fanpop, Wikimedia, The Mean Reds, Tiempo de Cine