La literatura está llena de gente desesperada. Porque la literatura, resulta, encuentra tela de donde cortar en casi todo, y casi todo puede resumirse en la desesperación. Somos adictos al sufrimiento hiperbólico, sugerido, construido a partir de símbolos.

Me encontré con un post sobre las personajes más atormentadas de la narrativa y el teatro, y decidí hacer mi propia selección: una lista de personajes casadas que lo hayan pasado mal, muy mal. Las solteras no entran en el conjunto. Algunas de mis finalistas, además de haber jugado al matrimonio, también se convirtieron en madres, lo cual seguramente contribuyó al desequilibrio de su alma. Otras están inspiradas en personajes históricas (de alguna manera, todas retratan una y varias realidades): no importa eso sino su condición ficticia en tanto fueron escritas por alguien más. Los dejo con la lista. Menciono primero a la personaje, luego la obra y la fecha en que fue escrita o publicada y, finalmente, el nombre de su autor.

1. Eva - El Génesis (950-500 a. C.), Dios Padre

La primera mujer y la primera gran atormentada, qué cosas. Le dio a Adán justo lo que quería y fue castigada por ello. Típico. Después de tantos siglos, no se ha podido comprobar su inocencia con respecto al pecado original. "Yo aumentaré tus sufrimientos durante el embarazo; parirás tus hijos con dolor. Tu deseo será el de tu marido y él tendrá autoridad sobre ti", le dijo Dios cuando la encontró suspirante y, quiero creer, satisfecha. Actualmente, hombres y mujeres le siguen guardando rencor, pero en el fondo le festejan que haya tenido la sensacional idea del coito.

Adán y Eva, Andrea Mantegna

2. Medea - Medea (431 a. C.), Eurípides

Jasón, su marido, decidió casarse con otra mujer y, para vengarse, Medea mató a la segunda esposa con un vestido envenenado: fíjense qué buen gusto y qué delicadeza. Colocó la cereza del pastel (que en este caso fue una felonía) matando a sus propios hijos, los que había tenido con Jasón. Según los cánones de la maternidad, estamos ante la peor aberración posible. Pero no la juzguen. ¿A poco creen que los mató por gusto? Si esta lista admitiera un premio a la más atormentada, la corona sería para esta griega.

(Hace unos añitos, en el DF, vi una adaptación llamada Play Medea. En ella, los hijos suplicaban clemencia a la madre asesina... bailando y cantando un chachachá. Es en serio. Me acordé, pues.)

Medea, Eugene Delacroix

3. Ana Neville - Ricardo III (1591-1592), William Shakespeare

Básicamente, Ricardo III la utilizó para llegar al trono. Hay una escena en que este personaje le dice a Ana que mató a su marido porque era demasiado guapo y eso lo ponía celoso. Es una oda a la cachondería. Qué manera de reunir la repulsión y la atracción en una misma instancia. Una vez en el trono, Ricardo la hizo encerrar para casarse con otra. Y luego... Ana murió debatiéndose entre la soledad, el rencor y el arrepentimiento.

Ricardo III y Ana Neville, vitral, castillo Cardiff

4. La esposa de Barba Azul - Barba Azul (1697), Charles Perrault

Barba Azul se casa con ella y le da las llaves de todas las habitaciones de la casa, incluso la de una a la que está prohibido entrar. Eso es martirio, señores. Esta mujer se enfrenta a una situación que los espíritus menos sensibles podrían considerar insignificante: la cuiriosidad. Y, como la curiosidad mató al gato, cuando por fin entra al cuartito ilegal, se encuentra con todas las esposas que el barbudo había tenido antes de casarse con ella. Muertas. Entonces descubre que su destino será el mismo. En el cuento de hadas, la mujer es salvada por sus hermanos. A mí me gustan más las versiones morbosas en que todo termina mal. Un día, si pueden, lean una adaptación de la dramaturga quebequense Carole Fréchette. Se llama La pequeña habitación al final de la escalara y es una obrita maestra.

Barba Azul, Gustav Doré

5. Emma Bovary - Madame Bovary (1857), Gustave Flaubert

Habrá quien considere que Emma Bovary no lo pasaba tan mal, que era bella, que tenía una posición social bastante cómoda, que leía muchas novelitas y que ella misma se buscó la insatisfacción que la aquejaba. El asunto aquí es que la evasión no le era suficiente y su constante comparación de lo leído con la realidad la tenía en crisis perpetua. Emma Bovary se las veía con uno de los males más sutiles y difíciles de sobrellevar: el tedio. Fue capaz de parir una niña pero estuvo imposibilitada para la maternidad. Iba de un amante a otro y se enfermaba a cada rato. No le salían ni las citas con los galanes ni las cuentas, así que un día se hartó y se metió una buena dosis de arsénico en polvo. Murió. Después de muerta, su marido, el señor Bovary, le descubrió todos los trapitos sucios. Pero la siguió amando, porque él sí era buena onda.

Madame Bovary, Gustave Flaubert

6. Nora - Casa de muñecas (1879), Henrik Ibsen

Tenía marido, hijos y una casa bonita, pero a ninguna de nosotras le gustaría estar en sus zapatos. La protagonista de lo que muchos consideran la primera obra de teatro feminista sufría y nadie le hacía caso. Era, como dice la canción de Yuri, cuyos nexos intertextuales con la obra de Ibsen son evidentes, "como un trapo, una silla, una simple taza". No tenía ni voz ni voto, y cuando experimentaba la inquietud de discutir algún punto, el que fuera, su marido la mandaba a volar (pero sin alas propias). Hizo bien en largarse. Lo que más me gusta es que haya abandonado a sus hijos. Mínimo.

Ustedes no lo saben, pero me tienen a mí para revelarles la verdad y sus secretos: esta otra canción de Yuri, "No puedo más", también está inspirada en Casa de muñecas: traslada el desenlace de la obra al ámbito contemporáneo.

Casa de muñecas, Henrik Ibsen

7. Clarissa Dalloway - La señora Dalloway (1925), Virginia Woolf

Esta mujer está preparando una fiesta que dará por la noche y, mientras compra flores y afina los detalles, su cabecita no para. Tiene 52 años, ha vivido justo como se suponía que lo hiciera. Desgraciadamente. Clarissa representa uno de los sinsabores más estériles de la existencia: echó su vida a perder porque la vivió de la manera que creyó correcta. El arrepentimiento de haberse portado bien implica un tormento reservado, sin estruendo, y tal vez por eso más insoportable.

Mrs Dalloway, Virgina Woolf

8. Carlota I de México - Noticias del Imperio (1987), Fernando del Paso

Mi loca favorita, una de las personajes mejor construidas de la literatura mexicana. La demente más lúcida del Valle de Anáhuac. Emperatriz de México y el mundo. Ah, qué mal lo pasó: esterilidad, cuernos, celos, insatisfacción, viudez, decadencia. Su esposo, el emperador Maximiliano, la engañó con la mujer del jardinero (entre otras) y Carlota perdonó la falta, no sin guardar todo el rencor del que fue capaz. Es una personaje elocuente, perdida, a veces escatológica, de una sexualidad escandalosa y frustrada. Es retórica, histórica, histérica.

Noticias del Imperio, Fernando del Paso

Ahí las tienen. Yo digo, chicas, que se lo piensen un poco antes de dar el sí en el altar.

Imágenes: Opinoma Obscurum, elolimpo.com, King Richard Armitage, Prisa, Wikipedia, Mercado Libre, Las Horas Sitiadas, Flickriver