A veces pasa que nos hablan maravillas de tal o cual bar y, cuando vamos a conocerlo, resulta un fiasco. Otras veces, más por circunstancias que por voluntad, asistimos a un lugar que nos da mala espina y que nos termina encantando. Más que el prestigio, la decoración o las buenas críticas de las guías citadinas, nuestro apego a ciertos bares se debe a un conjunto de factores decisivos.

A continuación, las 10 características que convierten un bar en infalible.

Bar, Soho Martini Bar

  1. Cuidado en la calidad y la selección de los tragos, incluso por encima de la diversidad. Algunos bares son expertos en ciertas bebidas, las dominan y atribuyen a ellas su fama. Pero, cuando una pide un tequila y una sangrita, resulta que esta última ni siquiera es natural. O que las porciones son generosas pero los cocteles están mal preparados. Prefiero los lugares con una carta pequeña y cumplidora que una lista enorme de opciones ordinarias.

  2. Atención a los detalles. La cristalería, por ejemplo. Las copas y los vasos justos son la piedra de toque de algunas bebidas. Eso, que los baños estén lindos (y, obvio, impecables), que no haya más comensales de los que el local puede albergar... Detalles, pues.

  3. Concepto. No tiene que ser la propuesta más original del universo mundo, pero, vaya, se trata de tener claro qué se ofrece al cliente y partir de ahí para lograr su preferencia. Algunas cantinas, por ejemplo, consiguen más gancho que los bares más populares de la temporada, justamente porque se apegan al concepto que ellas mismas plantearon. Un local enorme, sin muebles a juego, con luz mediana y música divertida puede funcionar mejor que el nuevo bar de moda del que hablan las revistas.

  4. Congruencia musical. Y un buen sonido. Los dueños de bares tienen que invertir en eso. No se vale que una tenga que recetarse una lista de reproducción de relleno y del año del caldo. El trabajo de los DJs consiste en interpretar el mood de los comensales y programar música ad hoc.

  5. Bartenders experimentados. Y, sin son guapos, mucho mejor.

  6. Concurrencia interesante. A mí me gustan los bares donde una puede encontrar diversidad: gente de diferentes edades, preferencias sexuales, formas de vestir. En cambio, aquellos en que todos parecen clones, me aburren sobremanera.

  7. Servicio atento. Entiendo que debe de ser difícil trabajar sirviendo tragos y limpiando mesas, pero siempre regreso a los sitios en que los meseros, la gente de la entrada, los bartenders son amables. No tienen que querer ser nuestros amigos, como los cajeros de Starbucks (a quienes dan ganas de responder: "no, no me interesa entablar vínculos contigo, sólo quiero que me entregues mi café lo más pronto posible"), pero se agradece cuando el personal de un bar no está malencarado. Otra cosa que es de agradecerse (y exigirse): el respeto al último traguito. Odio cuando se llevan mi cerveza antes de que me la haya terminado.

  8. Iluminación adecuada. Esto tiene todo que ver con el concepto. Los bares oscuros, en donde la cara del de al lado no se alcanza a percibir, son cosa del pasado.

  9. Proporciones justas. Yo prefiero los bares pequeños, más del tipo acogedor que del tipo salón gigantesco. Como sea, éste es otro punto paralelo al concepto. No importa si es pequeño o grande: que haya espacio suficiente para existir.

  10. Un buen RP. Algunos publirrelacionistas son tan emblemáticos que contagian al bar su halo cosmopolita y divertido. Pero no se trata de que los propietarios contraten divas ni gente engreída y sobreperfumada, sino de que el RP, además de ser servicial y atento con el cliente, transmita una actitud agradable.

Bar, variedad de bebidas

Existen bares que nos gustan y que no cuentan con todas las virtudes, pero no funcionarían si no tuvieran por lo menos algunas. Lo cierto es que, si podemos identificarlo con las 10, estamos ante un bar merecedor de nuestro respeto y, lo más importante, nuestra asiduidad.

Fotos: Lienzo culinario, Soho