Cuando somos niños nuestra imaginación es nuestro mejor aliado. Gracias a ella construimos grandes aventuras donde los adultos normalmente miran sólo un montón de chatarra. Por desgracia cuando crecemos y somos personas más "maduras" perdemos un poco de ese don. Y lo que antes era un De Lorean para viajar en el tiempo ahora es sólo una vieja caja de cartón. Algunos afortunados como Rik Allen nunca pierden los ojos de niño y logran que su imaginación vaya aun más lejos.

Es gracias a ello que este genial artista ha dado vida a una serie de creaciones colosales, que materializan un mundo fantástico en miniatura que no ha perdido ese enfoque infantil. Su obra, tan inquietante y tierna se compone básicamente de pequeñas naves espaciales y algunos robots, concebidos todos bajo la técnica de vidrio soplado y llenos de pequeños detalles que fusionan el metal con el cristal. Lo que produce una armonía casi tímida.

Rik Allen y sus naves espaciales de cristal soplado

De hecho veo a Kiper (su obra arriba fotografiada) y no puedo evitar pensar en esos diseños futuristas e inocentes de series animadas viejas y optimistas, como Los Supersónicos (The Jetsons).

Un detalle que me llama mucho la atención es la fijación del artista por las burbujas de cristal sobre el vidrio soplado, como si fueran ojos sus propias creaciones, a veces con uno solo, otras con muchos, como si se tratara de un insecto metálico e inofensivo. El toque de ternura lo remata cuando en algunas de sus estatuas coloca una pequeña silla roja en miniatura dentro de la cámara de cristal, como si perteneciera a una persona diminuta que se encarga de operar estos artefactos.

Yo soy de los que piensan que un artista puede considerarse como tal si logra que su propuesta provoque algo único en sus espectadores, en ese sentido, Rik Allen, con su mundo infantil e inocente, lo logra.

Rik Allen y sus naves espaciales de cristal soplado