El tsunami y la fuga radiactiva de Fukushima han tenido diversas respuestas culturales: desde robots y smartphones que miden niveles de radiación hasta un movimiento hipster que sube fotos de contadores Geiger a Instagram. El desastre nuclear, como era de esperarse, también ha tenido ecos en el mundo del arte. Ken y Julia Yonetani son una pareja de artistas, con residencia en Australia, que responde a este lamentable acontecimiento a partir de una instalación de candelabros. Son 29 en total. Cada uno representa un país que emplea energía nuclear como fuente de poder. En este caso, el tamaño de las piezas es proporcional a la capacidad nuclear de las naciones. El candelabro más grande corresponde a los Estados Unidos. Lo siguen de cerca Francia, Japón y Rusia.

Los candelabros de Ken y Julia Yonetani están hechos de cuentas de uranio recicladas. Este elemento químico se usa como combustible nuclear, además de que sus sales se emplean en fotografía y en la industria del vidrio. Uno de sus isotopos se utilizó en la fabricación de la primera bomba atómica. La pareja de artistas está apelando al simbolismo del material que origina su obra, lo cual resulta irónico, transgresor, alarmante. De alguna manera, su propuesta denuncia la relación entre las formas de vida del mundo contemporáneo, el consumismo y los peligros de la energía nuclear:

Los candelabros no son sólo artículos de lujo, sino también un extravagante emblema de la belleza de la electricidad y el carácter seductor del consumismo.

En esta instalación, las luces ultravioletas emiten pequeñas señales radiactivas que, aunque no son dañinas, nos recuerdan la presencia mortal de las radiaciones y la relación entre su peligro inherente y nuestra incapacidad para detectarlo o tomar conciencia al respecto.

La exposición estará disponible del 3 de octubre al 4 de noviembre de este año, en la Artereal Gallery de Sídney, Australia. Curiosamente, Australia es el principal vendedor de uranio en Japón.