Un estudio de la Universidad de Georgia revela que los gatos domésticos matan, en grandes cantidades, a más seres vivos de los que imaginamos: lagartijas, ardillas, pajaritos, arañas. Si está vivo y se mueve, el gato es capaz de echárselo al plato. Los asesinos más temerarios y recurrentes del barrio tienen bigotes y cola.

Como la Universidad de Georgia tiene cero confianza en los gatos, sus investigadores tuvieron que espiarlos. Para ello, colocaron pequeñas cámaras en los collares de 60 felinos. Luego los dejaron actuar como de costumbre. Así notaron que estos mininos querían asesinatos a sangre fría y a toda costa, aunque también mostraban otros intereses (dormir, ronronear, lamerse el cuerpo y existir con lujo de descaro y de belleza). De acuerdo con el estudio, el 44 % de los gatos son cazadores experimentados y se echan, en promedio, a dos seres vivos por semana.

Entre las víctimas se registraron lagartijas, serpientes, ranas, pequeños mamíferos, insectos, gusanos y aves. O sea, todo lo vivo al rededor. Saquen las cuentas: entre los 60 gatos analizados se refilan a unas 120 criaturas del Señor, cada semana. Y lo peor, les encanta asesinar pajaritos, que constituyeron el 12 % de las víctimas. El colmo: los investigadores aseguran que los gatos no sólo son un peligro para los otros animales sino también para sí mismos, porque atraviesan las calles sin mirar hacia ambos lados, comen y beben fuera del hogar, se drogan y corren el riesgo de caer en trampas humanas.

O sea, ¿cómo? ¿Los gatos son cazadores? ¿Vivir es peligroso? No puedo creer que los expertos de la Universidad de Georgia se hayan dado cuenta hasta ahorita. Antes no acusaron a los gatos de cometer asesinatos en serie contra duendes, hadas, ángeles, vampiros y minotauros. Se podría producir otro musical gatuno, ahora con este tema. Sería un hitazo. Eso sí, no todos los gatos cazan. A algunos de ellos les da una flojera infinita, me consta. Y a otros, se les puede enseñar a no atacar al pajarito que pone su nido en el balcón. También me consta. En cuanto a mis gatos más aventureros, los que terminaron con los alacranes que otrora rondaban mi jardín, benditos sean.

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