Qué bonito enamorarse, ¿verdad? La mayor parte de lo que hacemos y dejamos de hacer va encaminado a encontrar a un roto para el descosido que somos. Si nos enamoramos del otro, por lo menos al principio, no es porque sintamos una conexión con lo más profundo de su alma sino porque esa persona funciona como un espejo en el que nos encanta vernos reflejados. Nos gusta esa imagen distorsionada de lo que creemos ser; ergo, terminamos prendados de nosotros mismos, entendidos a través de las palabras y las miradas lánguidas de otra persona (igualmente necesitada de pertenencia). Aunque, lo sabemos, existen poderosas razones para no enamorarse, nos morimos por caer en la tentación del espejo. Y, cuando estamos hundidos en ella hasta el tope, metemos la pata.

Un poco por diversión, un poco por el morbo de desmenuzar nuestra ordinaria tendencia a naufragar en charcos de llovizna, a continuación, 10 de los errores más comunes que cometemos cuando nos enamoramos.

  1. Creer que los demás se mueren por conocer los pormenores del idilio. Mal que bien, todos captamos que el cúmulo de orgasmos y experiencias espiritualmente arrebatadoras que estás viviendo te parecen celestiales. Sin embargo, los demás no estamos ni la mitad de emocionados que tú. Si quieres, lleva un registro puntual de maravillas amorosas en tu blog o en tu querido diario. Pero respeta la cotidianidad de los demás: no bombardees al universo con tu melcocha.

  2. Fingir que todo lo que hace o dice la pareja es un gran acierto. Uso el verbo fingir porque somos capaces de notar las inconsistencias, los errores del otro, pero hacemos como que la virgen nos habla, ignoramos los detallitos catastróficos que existen en la personalidad del ser amado. El amor es ciego. Y sordo y cojo y está desahuciado. De mudo, en cambio, no tiene un pelo.

  3. Dejar de actuar con inteligencia. No importa qué tan intuitivo, qué tan agudo seas: cuando te enamoras, quedas menguado.

  4. Limitar la propia satisfacción a los caprichos del otro. No nos engañemos: por muy enamorados que estemos, el otro es incapaz de convertir nuestra vida un viaje al final del arcoíris. Si tienes motivos para festejar, por ejemplo, porque obtuviste el empleo que tanto esperaste, no dejes que una pequeña discusión con la novia te fastidie el panorama. Acuérdate de que tú eres tú, aunque la idea te asuste.

  5. Olvidarse de los amigos. Yo nada más te recuerdo que, cuando la relación termine y te encuentres sediento en mitad de un paraje solitario, quienes tratarán de hacerte la decepción más llevadera serán tus amigos (si es que les contestaste el teléfono mientras en tu relación amorosa todo era miel sobre hojuelas), así que reserva algunos espacios para ellos en tu agenda, devuélveles los mensajes y dales su lugar. No abuses de su paciencia.

  6. Poner los intereses propios en segundo término. Otro error relacionado con la pérdida de individualidad. Los viajes y los proyectos académicos que te propusiste no tienen por qué desaparecer bajo la sombra de tu príncipe azul. Organízate, arréglatelas para sobrellevar más de una situación y, si tienes que elegir entre darle gusto al otro o acariciar tus aspiraciones... No tengo que decirte cuál es la decisión correcta. Ni quieres escucharla, es más.

  7. Convertirse en un monstruo de los celos. Los celos saben manifestarse en diferentes intensidades. Todos sentimos celos, aunque no nos guste reconocerlo. El truco está en no dejar que los celos den lugar a la escenita. Si de todos modos vas a sentir celos, te recomiendo que aprendas a controlarlos. En una de esas, terminas peor de solo que como empezaste, sin los amigos que ignoraste en el punto 5 y rumiando tus propias inseguridades como quien tiene que comerse las sobras del desayuno. Tétrico.

  8. Confundir relación de pareja con maternidad/paternidad. (Este punto se me da de maravilla.) Tu sobreprotección es nociva para tu salud y la de tu pareja. No tienes que darle de comer ni velar por su sueño ni asegurarte de que tenga techo y ropa limpia.

  9. Funcionar como una versión disminuida del otro. Todos cambiamos con el tiempo, eso lo tenemos claro, pero los cuatro meses que llevas en la relación no son excusa válida para que sustituyas tus vicios y virtudes con hábitos ajenos. Quién sabe cómo funciona el asunto, pero a veces pasa que, de habernos enamorado de un reflejo de nosotros mismos, terminamos convertidos en aquél que antes hacía las veces de espejo.

  10. Seguir cometiendo los 9 errores anteriores en cada nueva relación. Dices: ahora sí, esta vez no quedaré ciego ni perdido. Y nada, que continuas fingiedo, cojeando, ignorando lo evidente y prodigando lo que te hace falta.

Las equivocaciones son inevitables, así que por lo menos hay que tomarlas de referencia para mejorar dos rayitas en la siguiente ronda. Enamorándonos o no, lo más seguro es que echemos a perder más escenarios de los que quisiéramos. Y tampoco se trata de andarse con tanta cautela (como si fuéramos capaces de algo así). Gran parte del encanto de enamorarse tiene que ver con perder la responsabilidad de uno mismo, culpar al otro de la propia disminución. Ya que somos expertos en errar el tiro, disfrutémoslo mientras dure y luego, avergonzados por las circunstancias, salgamos de casa con una bolsa de papel en la cabeza.

Fotos: Courtney Carmody, Verano y mil tormentas