Una de las peculiares creaciones de Alexander McQueen sirvió de inspiración a la revista TWELV para crear un vestido hecho por completo de ositos de goma. La prenda "comestible" aparece en el primer número de la publicación.

Hissa Igarashi, editora de TWELV, trabajó de la mano con la diseñadora Sayuri Murakumi, para crear este vestido hecho de gomitas de dulce que funciona como un homenaje a McQueen. Para darle forma, se usaron cables metálicos cubiertos con delgadas láminas de vinilo. Después, se usaron 50 mil ositos de goma, mismos que fueron pegados al vestido, uno por uno. No sorprende, por lo tanto, que el proceso de confección de la prenda haya requerido semanas.

Cuando estuvo terminado, el vestido pesó 220 libras (es decir... ¡¿casi 100 kilos?!). Para moverlo, se necesitaban tres personas por lo menos. El exceso se extiende a la incomodidad y el peso. Menos mal que las modelos (Jessica Pitti en este caso) están acostumbradas a la incomodidad y el estatuismo. ¿Se imaginan lo pegajoso que quedó todo al rededor?

La pieza que inspiró esta creación debe de haber sido bastante más ligera: un vestido muy vaporoso, con hombreras que simulan alas y estampado de colores vivos en la escala del arcoíris. Apareció en la colección primavera/verano 2008 de Alexander McQueen.

Las prendas comestibles siempre me han parecido un exceso innecesario, sin embargo existen quienes ven en los ositos de goma un material apto para crear moda. Así, alguna vez me he encontrado en la red con fotos de accesorios y bikinis hechos con estas gomitas. Nunca antes un vestido completo.

Creo que no le encuentro sentido al homenaje. No le encuentro sentido a hacer un vestido de ositos de goma, por muy inspirado que esté en McQueen o en Dios Padre. La propuesta sitúa la moda (y la obra del diseñador) en el terreno de las atracciones circenses.