¿Cuántas prendas de vestir adquieres al año? ¿Qué porcentaje de tus compras responde a la necesidad y no al capricho? ¿Qué tan seguido te pasa que cargas a tu tarjeta de crédito más de lo que puedes pagar? Sarah Lazarovic se detuvo a pensar en éstas y otras preguntas; ante el panorama que resultó de las respuestas, decidió dejar de comprar ropa durante todo un año. Como sabía que no sería fácil cumplir con un cometido semejante, fue armando un diario ilustrado para curarse el síndrome de abstiencia, un "pequeño ensayo visual sobre no ir de compras". Cada vez que veía una prenda hermosa y tentadora, la dibujaba en lugar de comprarla, y acompañaba la ilustración con algunas reflexiones sobre sus propios hábitos de consumo.

Las compras en general (y las compras de moda en particular) se convierten en vicio. ¿Han intentado dejar de fumar? ¿Verdad que es difícil? Algo similar debe de haberle sucedido a Sarah Lazarovic cuando tomó la decisión de no comprar ropa a lo largo de todo un año. La primera vez que se propuso el ejercicio fue en 2006. Ahora, que decidió probar de nuevo, acompañó su abstinencia con un diario ilustrado: terapia creativa para hacer frente al cold turkey. Y, del mismo modo que los exfumadores se repiten hasta el cansancio que hicieron lo correcto, que ha valido la pena lidiar con la ansiedad, Lazarovic registra en su diario algunas reflexiones en torno al consumismo, las compras en línea y su propia relación con la adquisición de prendas, que define como una especie de neurosis.

Aunque el año no ha terminado, el diario de Sarah ya está listo. Tal vez se trate de una primera parte y después se publique la segunda entrega, habrá que esperar. Lo cierto es que las cavilaciones de la ilustradora en torno a su decisión son acertadas, realistas y, al mismo tiempo, revelan cierta incomodidad. "Al fin que ni quería", parece decir en algunos enunciados, y una termina identificándose con ellos, porque también es practicante de los despechos en miniatura:

Las prendas que suelo admirar se convierten en las pinturas de una galería. No necesito poseerlas para apreciarlas. No necesito llevarlas puestas para apreciarlas. De todos modos, ni siquiera me vería bien en un Rothko: me borraría por completo.