Tengo una fijación culposa con los enseres domésticos de cerámica. La culpa proviene de un afán por la belleza más allá de lo utilitario; la fijación, de el encanto lúdico que este tipo de piezas posee. Es como jugar a los trastecitos. Comprar una vajilla (y estrenarla) se parece en mi mente a ser niña, a simular que se tiene una casa y se invita a una amiga a comer. Simular que se es adulta, siéndolo. Simular sin simular y actuar como si no me diera cuenta de ello. El procedimiento es ingenuo y retorcido a la vez. Yo tengo la culpa, pero la comparto con la existencia de diseñadores como Reiko Kaneko.

Kaneko instaló su estudio en Londres, en 2007. De hecho, nació en Inglaterra, pero su infancia transcurrió en Japón, lo cual explica la influencia oriental de sus piezas: esa mezcla de los estilos japonés y británico que tantos buscan imitar sin conseguir el mismo temperamento.

Si me lo preguntan, no estoy segura de que el trabajo del ceramista sea arte: después de todo, se trata de manipular la materia, el tiempo y el espacio para crear objetos funcionales que existen más por su utilidad que por su concepto. Pero Kaneko forma parte de ese grupo de diseñadores que marcan la excepción de la regla, porque sus colecciones son más para verse que para utilizarse, aunque estemos ansiosos por tenerlas en nuestra mesa durante el desayuno.

¿Apoco no les gustaría simular una convivencia adulta con piezas como éstas, independientemente de la edad que tengan? Denle un vistazo a la galería y me cuentan.

Fotos: Reiko Kaneko y Dreamwall Style