Hace poco enumerábamos los errores a cometer antes de los 30, y decíamos que a veces es necesario aceptar empleos espantosos para darnos cuenta de lo que no estamos dispuestos a hacer. ¿Qué características debe tener un empleo para ser considerado espantoso? No hablo de ocupaciones difíciles pero decorosas, sino de aquéllas que se acercan a los límites de la incomodidad o la ridiculez. Aquí una lista con 6 de los empleos que no te gustaría aceptar. O tal vez sí, nunca se sabe.

  1. Vendedor de puerta en puerta. Cambaceros, que les llaman. Es cada vez menos común, pero antes se estilaba contratar personal que ofreciera enciclopedias o electrodomésticos de casa en casa. El pobre vendedor usaba traje y llevaba una maleta con artículos de demostración, caminaba durante horas, bajo el rayo del sol, y colmaba la paciencia de las amas de casa, quienes sentían que el tipo las interrumpía y les hacía perder el tiempo. En esta misma tradición, y a pesar de que los tiempos han cambiado, sobreviven las vendedoras de Yakult: salvo dos o tres clientes cautivos, nadie quiere comprarles y la mayoría les cierra la puerta en la nariz.

  2. Paseador de jaurías de perros. No me refiero a las personas que cuidan a un perrito o dos y, después de una tarde de juegos idílicos en el parque, los devuelven a sus amos. No, hablo aquí de esos mártires que llevan a pasear a siete perros al mismo tiempo. Los perros tiran de la correa con más fuerza que el paseador, corren, se mean donde no deben, intentan perseguir a otros perros que consideran sexis, y el comisionado del paseo termina babeado y hecho trizas. Habrá quien encuentre divertida la labor: yo paso.

  3. Fotocopiador en un centro universitario. Trabajo mecánico, tedioso, infinito. Los fotocopiadores pasan la vida en un cubículo de dos por dos, en soledad absoluta, y hacen frente a gigantescas filas de estudiantes que quieren reproducir las páginas del mismo libro. Si no creen en la incomodidad de este empleo, fíjense un día en la cara de los fotocopiadores: en ella se transparenta una infelicidad rayana en el dolor. No entiendo cómo no se vuelven locos. O quizá sí se vuelven locos, y saliendo del trabajo arrullan a una muñeca que no existe, arrellanados en una mecedora rota.

  4. Asistente personal de un cretino. Imagínense trabajar calentándole el café a Peña Nieto o a su esposa, o a alguno de esos "actores" de bronceado inverosímil y vocabulario limitado que abundan en la televisión. Otra cosa sería si Virginia Woolf o Borges vivieran y se tratara de hacerles a ellos los mandados.

  5. Operador en el departamento de quejas de un call center. Atender a clientes enojados, y que la mayor parte del tiempo tienen la razón, también es trabajo para mártires. Esta ocupación consiste en disimular el cochinero de la empresa: servicios mal prestados, productos defectuosos, irregularidades en los cobros. No sólo se necesitan intuición y paciencia, sino también nervios de acero (cualidad que la mayoría de los operadores sustituye con indiferencia). Si conocen a alguien que se dedique a esto, pregúntenle cuántas mentadas de madre recibe al día. Esto y las ventas telefónicas son dos de las causas más evidentes del resentimiento social.

  6. Botarga publicitaria. Los seres que habitan dentro de las botargas son víctimas del escarnio de las multitudes y, como si no fuera suficiente, como si no se estuvieran muriendo de calor y de vergüenza, tienen que bailar al compás de músicas ensordecedoras. Están expuestos a la maldad infantil, que es la más minuciosa de la especie humana. A la gente le hace gracia el numerito, se le olvida que ahí, en el interior de ese traje acolchado, hay una persona que seguramente llora amargamente al llegar a casa.

Empleos incómodos - botarga

La lista podría ser mucho más larga. De hecho, sé de un hombre que fue repartidor de pizzas en tormentas de nieve (30 minutos o no la pagas) y cargador de fumadores de opio. Se salvó, menos mal, de que lo contrataran como probador de control de calidad de paracaídas.

A manera de conclusión feliz, puedo asegurarles que no importa qué tan desagradable sea su actual empleo: siempre podrán encontrarse con una peor opción.

Sus aportaciones para la ampliación de esta lista son bienvenidas.

Fotos: Taylor, Yo Amo Tampico