¿Les gustaría leer a Jane Austen en versión hardcore? ¿Cómo se verían los libros de Shakespeare y Huxley si sus obras explotaran el sado? Chris Ritter y John Gara modificaron las cubiertas de 10 libros famosos, y los convirtieron en novelas eróticas. En teoría, la selección contiene sexo gráfico en diferentes modalidades.

El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde de Robert Louis Stevenson

Estos dos personajes (que son uno en realidad) no protagonizarían un extraño caso sino un "extraño sexo". ¿El señor Hyde como un promiscuo irredento? Indispensable que sea guapo.

Clásicos eróticos, Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Emma de Jane Austen

En este caso, Emma, además de ser joven, hermosa y adinerada, usa antifaz y lleva fusta en mano. En esas circunstancias, entendemos que la protagonista se rehúse al matrimonio. ¿Se fijaron que el título deconstruye la idea S&M?

Clásicos eróticos, Emma

El gran Gatsby de Scott Fitzgerald

No el gran Gatsby sino el gran gasp. Un gran jadeo, un grito sofocado que sugiere atragantamiento por causas obvias. La novela, de todos modos, es pura fiesta y decadencia.

Clásicos eróticos, El gran Gatsby

El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde

Aquí lo interesante de Dorian Gray es no la historia de su retrato sino de su penetración. La temática sería gay: de todos modos ya intuíamos un lazo extraordinario entre el pintor y el protagonista.

Clásicos eróticos, El retrato de Dorian Gray

Historia de dos ciudades de Charles Dickens

Pero del pecado. ¡Zas! Qué Revolución francesa ni qué nada: en esta novela el conflicto sería desatado por chicas sexis y encorsetadas.

Clásicos eróticos, Historia de dos ciudades

La dama de blanco de Wilkie Collins

Independiente del color de su (escasa) ropa y sus botas altas de tacón, esta dama es tan ardiente que no le basta con el ventilador. El formato epistolar de la novela original es perfecto para los detalles pornográficos.

Clásicos eróticos, La dama de blanco

La fierecilla domada de William Shakespeare

Mediante una sencilla inversión de elementos, obtenemos el infalible título Dominando a la fierecilla. Para efectos de mayor erotismo, hubiera sido interesante que, en lugar de convertir en novela esta obra de Shakespeare, alguien la hubiera llevado a escena.

Clásicos eróticos, La fierecilla domada

La rebelión de Atlas de Ayn Rand

Lejos de encogerse de hombros o rebelarse, el Atlas de esta versión aparece atado y sometido. Una de las novelas más extensas de la literatura: sado y bondage en cantidades.

Clásicos eróticos, La rebelión de Atlas

Persuasión de Jane Austen

Esta persuasión, claro, tendría que ser erótica. Las típicas siluetas del siglo XIX, pero con una vista radiografiada de la ropa interior. Me encanta.

Clásicos eróticos, Persuasión

Un mundo feliz de Aldous Huxley

Es decir, felizmente sumiso. El argumento de la novela, de por sí, daría para un desarrollo paralelo en versión porno.

Clásicos eróticos, Un mundo feliz

Convertir títulos clásicos en libros eróticos no representa ninguna novedad: los productores de películas porno llevan décadas haciéndolo. Aquí lo interesante es cómo fueron modificadas las cubiertas de los libros. Hasta dan ganas de leer algunos de ellos, como no queriendo la cosa.

Por otra parte, si estos escritores lograron lo que lograron con sus novelas, seguramente su talento habría dado también para delinear tramas eróticas, llenas de episodios insistentes y descriptivos. En estos tiempos, los títulos se venderían como pan caliente.