Decir lo que sea en 140 caracteres (que a veces equivale a no decir nada) se ha vuelto indispensable para muchos. Twitter es una habitación en donde las declaraciones, las quejas, las trivialidades y los enlaces se escuchan a distintos volúmenes. Cada quien decide a quién seguir, en dónde colocar su atención. Las razones para elegir van del ingenio verbal a las relaciones sociales. Como sea, existen en mi timeline unas cuantas actitudes desagradables, capaces de desatar mi neurosis.

¿Qué conductas típicas en Twitter pueden parecerme irritantes? No tengo que pensarlo mucho para contestar, y me queda claro que suelo caer en algunas de ellas (es decir, yo misma me pongo a mí de malas).

  1. La falsa apatía. No entiendo el propósito de esos tuiteros que prefieren mentir a evidenciar siquiera una huella de entusiasmo, como si estar de buenas fuera señal de estupidez. Me refiero a los tuits que se empeñan en manifestar amargura a partir de oraciones poco convincentes. Y sí, el pesimismo siempre será más interesante, pero todos nos ponemos de buen humor a veces y, sobre todo, existe la posibilidad de enunciarlo.

  2. El optimismo escandaloso. Una vez lo puse en un tuit: "Yo también amanecí de buenas, pero no ando por ahí contaminando a los demás con mi optimismo." La esperanza y la alegría a toda costa son tan inverosímiles como su contraparte.

  3. La puesta al sol de los trapitos. Eso de discutir asuntos personales mediante tuits que un montón de gente no involucrada está leyendo... Creo que no es buena idea. Sobre todo cuando el asunto pasa a mayores y el timeline de los testigos involuntarios se llena de reclamaciones y rechiflas entre dos o más personas. Mejor hay que pelearnos vía chat o correo electrónico. Así tendremos más espacio para argumentar.

  4. La insistencia en el mismo tema. Ya saben, esos tuiteros que sólo hablan de política, o futbol, o el novio en turno. Últimamente, el proceso electoral en México ha estado acaparando nuestro discurso. Y, claro, en las redes sociales podemos hablar de lo que nos dé la gana, seríamos muy tontos si no las aprovecháramos para esbozar opiniones. Pero la realidad también tiene otros ángulos. Digo, para no hartar.

  5. La exhibición del elogio. Los tuiteros somos exhibicionistas por definición, pero retuitear las adulaciones de un conjunto de followers embelesados es antiestético. Y también es común toparse con esta otra modalidad del mal gusto: ¿qué onda con los que retuitean al bot de Favstar o cualquier enunciado que lleve su nombre? Así he dejado de seguir a varios.

  6. La obsesión palíndroma. Como he señalado antes, si los palíndromos no dicen nada, no son palíndromos sino ruidos pronunciables. Que las vocales y las consonantes produzcan palabras al unirse no quiere decir que estén formando mensajes, no lo olvidemos.

  7. La ironía de tiempo completo. Me pasa lo mismo que con la gente empeñada en parecer molesta día y noche. Tampoco a los eternos irónicos les creo. La ironía es un mecanismo verbal ingenioso, pero existen otros recursos.

Y, claro, no se puede pasar por alto el tema de la congruencia: esa gente que critica la ignorancia ajena mediante tuits mal redactados o con faltas de ortografía, o quienes dicen haber disfrutado enormidades el concierto de anoche, pero escriben el nombre de la banda equivocada.

Que no se me malinterprete: me encanta Twitter y por lo general disfruto leyendo a quienes sigo. Obviamente, mis tuiteros favoritos están más allá de las quejas expresadas en esta la lista. Pero ya ven que todos tenemos temporadas de insistencia, que la terquedad de mantener tal o cual conducta, pase lo que pase y sin dar cabida a otras, es tentadora y fácil. Me incluyo en el paquete.

Aproveché el post para opinar, como si fuera autoridad en el tema o algo parecido. Ustedes dispensen.

Fotos: CHRISSPdotCOM, Herbstkind, Keiyac