Ray Bradbury (1920), el genio de la ciencia ficción y la literatura fantástica, autor de Crónicas marcianas y Fahrenheit 451, murió anoche en Los Ángeles a los 91 años de edad. Su familia no dio más detalles. El autor llevaba algún tiempo enfermo, pero se mantenía activo, escribía diariamente en casa y se presentaba en bibliotecas, librerías y celebraciones literarias locales.

Su escritura iba mucho más allá de las novelas de ciencia ficción. Todos lo recordamos por Farenheit 451, aquel relato apocalíptico, llevado al cine por François Truffaut, en que los libros se revelan como instrumentos para preservar la memoria, la conciencia y la libertad, pero Bradbury también cultivó el teatro y el ensayo. Sus textos narrativos abarcaron el misterio, el humor y la fantasía. En 2009, él mismo explicó sus principales intereses:

Siempre he sido un autor híbrido. Estoy completamente enamorado del cine, completamente enamorado del teatro, completamente enamorado de las bibliotecas.

Bradbury comenzó a publicar narrativa en 1950 con Crónicas marcianas, un conjunto de historias entralazadas que funcionan como una sátira del capitalismo, el racismo y las relaciones de poder: en ellas vemos a los terrícolas invadiendo una civilización marciana idílica. No me extraña que alguien con el ingenio para plantear panoramas semejantes haya solicitado una habitación aislada y oscura del Hotel Fénix, durante su visita a la FIL en Guadalajara.

La pérdida es grande. Nos quedan sus novelas, sus cuentos, el sentido del humor y la reflexión desconcertante que provocan sus temas y su estilo. Y también el asteroide (9766) Bradbury, que lleva su nombre desde 1992.

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