Imagínense que pertenecen al departamento de recursos humanos de una empresa y llega a sus manos un currículo en que el aspirante define sus objetivos de la siguiente manera:

Mi objetivo es la Verdad con V mayúscula, y en mi mente se compone con Bodoni o, los fines de semana, con Garamond. Creo que la deshonestidad en el diseño es la ruina de la humanidad. ¿A qué me refiero? Basta con asomarse al exterior. El fraude está por todos lados: desde la curvada cola de rata que rodea la "H" del logotipo del Hilton hasta las señales con mal interletraje en la estación de autobuses local, vivimos en un entorno visualmente contaminado. Los diseñadores gráficos deberíamos mantener bien cerrados nuestras sudaderas, con nuestros valores adentro. En lo tocante a mi oficio, mi objetivo es la honestidad implacable. No lanzaré golpes y espero lo mismo de ti, en el caso de que tengamos el beneficio de trabajar juntos en el futuro.

El texto, que se intitula “The World’s First and Only Completely Honest Résumé of a Graphic Designer”, fue publicado por Marco Kaye en Internet Tendency, el sitio humorístico de la editorial McSweeney's. El diseñador gráfico imaginario que suscribe habla de su experiencia en diferentes compañías y narra algunos episodios tal y como sucedieron: mala comunicación con clientes y colegas, acuerdos tomados con acostones de por medio, servilismo empresarial, ineptitud, etcétera. El sentido del humor, como casi siempre, está al servicio del desahogo.

Así funciona: hay un montón de cosas que no decimos, que no conviene decir, que forman parte de nuestros perfiles profesionales pero que habrán de surgir poco a poco, sobre la marcha, a la par de la exigencia o la vorágine laboral: la omisión como un salvavidas que irá desinflándose gradualmente.

Hay espacios para practicar la verdad: las entrevistas de trabajo, por lo general, no entran en el paquete.