Rocambolesc, la heladería gastronómica del Celler de Can Roca

Vuelve el verano en el hemisferio norte y con él, la temporada de helados, en mi opinión, uno de los grandes placeres asociado a esta época del año. Quienes compartan esa afición por estos fríos dulces y además sean sibaritas confesados no podrán sino alegrarse al saber que el Celler de Can Roca, que cuenta con tres estrellas Michelin 2012 y ha sido recientemente clasificado como el segundo en la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo, ha abierto heladería en Girona, ciudad a una hora al norte de Barcelona.

La heladería Rocambolesc es la nueva propuesta de los tres hermanos Roca: Josep, Joan y Jordi, considerados discípulos de Ferran Adrià por haber sabido también conceptualizar la cocina tradicional catalana en base a técnicas contemporáneas. A través de seis sabores diferentes, nos acercan algunos de los postres elaborados para el restaurante, a degustar in situ o para llevar; encontraremos por ejemplo, helado de manzana al horno receta de la madre, sorbete de fresa con nube de lichi y fresa, gominola de frutos rojos y frutas rojas o también el lácteo de leche de oveja, confitura de guayaba, leche de oveja caramelizada y algodón de azúcar: se me hace la boca agua sólo pensarlo. Para que la experiencia sea completa, el espacio que acoge esta nueva apuesta gastronómica nos devuelve a las heladerías de toda la vida, con reminiscencias al mundo imaginario y mágico de Charlie y la Fábrica de Chocolate.

Rocambolesc, la heladería sibarita del Celler de Can Roca

El estudio de la interiorista Sandra Tarruella, que ya firmó en su momento el diseño del Celler de Can Roca, fue el encargado de idear este entorno-homenaje a las antiguas heladerías. Desde la puerta de madera ciselada, al mostrador y el banco-bicicleta que nos recuerdan a aquellos carritos de venta de helados que se repartían por las calles, las tuberías de rayas blancas y rojas, o el espejo rotulado, todo está pensado para recrear la ilusión de un espacio familiar que apela a nuestros recuerdos reales o ficticios. El corazón de Rocambolesc es por supuesto, la máquina de helados, con sus palancas, manetas, cuadros y tiradores que se activan de la mano del heladero al hacer el pedido. Al recoger nuestro helado, sólo nos quedará por suspirar de sosiego: "una cosa estaba totalmente clara, la vida, jamás había sido tan dulce".

Fotografías: Meritxell Arjalaguer