Todavía no sabemos quién vaya a ser el elegido, pero el domingo pasado Dan DiDio, editor de DC Comics, reveló que próximamente uno de sus superhéroes saldrá del clóset y manifestará su homosexualidad como parte del argumento de las historietas. Las reacciones de algunos fans recalcitrantes son graciosas: “Que hagan eso con Batman, pero que dejen en paz a Superman”, una declaración que he escuchado repetidamente en las últimas horas.

La noticia ha causado polémica, no sólo en cuestiones de orientación sexual de los personajes consagrados: se ha hablado de la competencia entre DC y Marvel, de la homosexualidad como estrategia de mercado y de la relación entre la medida y del apoyo de Barack Obama al matrimonio entre parejas del mismo sexo.

Sea cual sea el origen del nuevo giro, lo lógico es que en los cómics, igual que en las películas y los libros, haya personajes heterosexuales, homosexuales, asexuales, célibes y todo lo demás que se nos ocurra. Porque resulta que también existen gays entre los vecinos, los profesores de escuela, los integrantes de los monasterios y las estaciones de policía, de manera que no hay razón para dejar de abordar ese aspecto de la realidad en las historias de superhéroes.

La medida, de hecho, me parece tardía. ¿Fue necesario que el presidente de los Estados Unidos causara revuelo con sus declaraciones a la prensa, para que DC se animara a abordar la orientación sexual de un superhéroe emblemático? ¿Y qué me dicen de los villanos? Por malvados que sean, ¿no pueden también enamorarse de los chicos?

Imágenes: Krypton Radio y Zoom Comics