Los sabores son importantes, pero cuando vienen envueltos en empaques lindos y, más aun, cuando el lugar donde se venden muestra un diseño impecable, entonces dan verdaderas ganas de comprarlos: un acuerdo implícito de congruencia entre el interiorismo y la calidad de los productos. Es el caso de la boutique de repostería Theurel & Thomas, ubicada en Nuevo León, México.

Su especialidad son los macarons (o macarrones dulces, para usar el vocablo equivalente en español), aunque también venden otros productos: mermeladas, frutos secos y granos de café cubiertos de chocolate, pastas dulces y malvaviscos. Los interiores de la boutique son totalmente blancos, lo que hace resaltar los macarrones de colores en los platos y el mostrador. El efecto me parece de lo más convincente.

No cabe duda que los macarrones dulces atraviesan por un momento de popularidad. En Nueva York, incluso cuentan con su propio día en el calendario desde el año pasado. Este postre originario de Francia, hecho de clara de huevo, harina de almendra y azúcar, es una delicia que además llama la atención por su aspecto. Las piezas adquieren, después de su preparación, colores que seducen la vista antes de conquistar el paladar.

En el caso de Theurel & Thomas, los macarrones, aunque de origen francés, son elaborados por reposteros mexicanos, mientras que los empaques y el diseño gráfico en general corren a cargo de Anagrama. Un ensamble afortunado que definitivamente tengo que probar.




Fotos: Thersic y The Littlest Comma