¿Quién no ha disfrutado de correr descalza por el pasto? Personalmente, es una actividad que disfruto mucho, y la practico cada vez que tengo oportunidad. ¡Me hace sentir libre! Sin embargo, pocas son las veces que ésto es posible. ¿Por qué no lograr esta misma sensación en otros momentos, por ejemplo, cuando nos ejercitamos en el gimnasio? Nike Free Gym+ nos da la oportunidad de hacerlo.
Recientemente, las grandes compañías de tecnología deportiva, como Nike, se han empeñado en diseñar la zapatilla perfecta para lograr la sensación de correr descalzo. Argumentan que los zapatos o tenis estándar, aquellos que proporcionan una superficie acolchada, transforman nuestra manera de andar. Han evidenciado que los golpes que nuestros talones reciben al caminar o correr usando este tipo de calzado aumenta la probabilidad de lesión. Esta es la filosofía detrás de las Nike Free Gym+
La serie Nike Free, lanzada al mercado en 2004, busca aligerar los tenis y al mismo tiempo proveer de la protección necesaria a nuestros pies cuando realizamos cualquier actividad física. Nike Free Gym+ es la pieza más nueva de esta línea, y están particularmente enfocada a las mujeres.
Tienen una división para el pulgar, y están diseñadas para ser usadas en el gimnasio. Principalmente, para realizar actividades de salón tales como sesiones de yoga, Body Balance u otras que requieren quitarse los zapatos. Son muy ligeras, y su suela está diseñada para proporcionar la mayor tracción posible al tiempo que protege el pie. Además, proporcionan una flexibilidad y movimiento similar al que gozamos cuando estamos descalzas.
Su precio es de $110 USD, y las puedes encontrar en la Nike Store. Ahora no sé cuales quiero, si éstos o los Flyknit Trainers.












Sencillamente magnedfico. No puedo estar me1s de acuerdo con las ideas que se xesrepan en el texto.Enfoce1ndome un poco en el tema de la argumentacif3n contra la fuerza, siempre he pensado que, desafortunadamente, la sociedad actual este1 bastante lejos de poder ser considerada inteligente y civilizada. Por triste que suene, todaveda no nos acercamos ni por asomo al momento en que la diale9ctica tenga me1s poder de conviccif3n que la fuerza bruta o la terquedad. A manera de ejemplo: yo puedo plantear mil y un argumentos a lo largo de dos horas a un interlocutor necio para que deje de hacer ruido y me deje dormir, hable1ndole sobre la elemental importancia biolf3gica del suef1o y el simple respeto a los derechos de las personas que viven en una sociedad, y e9ste puede responderme simplemente con un no se me da la gana —o darme un empellf3n sin siquiera abrir la boca— y zanjar de inmediato la discusif3n (a su favor, por supuesto). Analogedas a este caso, por miles.Cf3mo podreda ser la lf3gica me1s fuerte que el puf1o o la necedad, eso no lo se9, ni soy capaz de imaginarlo. Lo que sed se me ocurre es una sociedad en la que, sencillamente, todo el mundo utilice la primera, y nadie los otros dos.Dicen que sof1ar no cuesta nada, pero el desgano de no saber si lo imaginable es siquiera posible sed que es un costo para el alma.