No sé los niños de ahora (en verdad que no lo sé), pero en el pasado los pequeños no queríamos otra cosa que una casa de juegos. De hecho, varios de los recuerdos más agradables que tengo de la infancia involucran las dichosas casitas: De tela, de plástico, de cartón o de madera; comprada, prestada, hecha por mi papá con ladrillos, hecha por mi con los cojines del sillón y hasta la bodega de cacharros, cualquier cosa y lugar servía para hacer refugios, castillos y fuertes.

La constante entre el pasado y el presente es que pocos son los afortunados que pueden tener una preciosa casita de juegos, cuidadosamente amueblada y decorada. Lo sorprendente es saber que en la actualidad, a pesar de las crisis económicas, más padres están dispuestos a hacer gastos mayores por complacer a sus hijos.

En Estados Unidos –¿Dónde más si no?– existen diversas empresas dedicadas a construir estos refugios de ensueño, muchos de los cuales reportan un crecimiento económico considerable en comparación con años pasados. Con precios que van desde los mil hasta los 200 mil dólares, los espléndidos padres pueden escoger entre una amplia variedad de opciones y prestaciones.

De entre las empresas dedicadas a construir estos hogares a escala, destaca ArchitectureKids que por precios que van desde los 50 hasta los 150 mil dólares, los dueños pueden obtener diseños qué más que casitas de juego, se asemejan a pequeños sets de películas de Disney: Barcos piratas, castillos y molinos tan maravillosos como los que se pueden apreciar en las fotografías a continuación:

La segunda empresa destacable –según mi criterio– es Lilliput Play Homes. Dicha empresa se especializa en la construcción de casitas coloniales, victorianas y típicos cottage de campo. Sus creaciones rondan entre los 4 mil y los 50 mil dólares, pero su gran estrella es la casa colonial con balcón y porche de la imagen inferior.

Por último pero no menos importante está La Petite Maison –también construyen lujosas casitas para perros–, cuyo dueño asegura construir al rededor de 12 casitas al año para clientes en diferentes partes de los Estados Unidos, cobrando entre 9 mil y 75 mil dólares. Uno de los detalles que más sobresale de las creaciones de ésta empresa es la entrada de las casitas, que generalmente consta de una baja cerca blanca con un arco de flores. El aire romántico y vintage de sus creaciones sobresale entre los demás constructores, aunque me sería muy complicado seleccionar un favorito.

El gusto del cliente pero sobre todo, su presupuesto, son factores que influyen en la casa que obtendrán. Por ejemplo, la familia Hearne obtuvo una casita de figura caricaturesca que pudieron armar ellos mismos por tan solo 2 mil 450 dólares. Y digo pudieron, porque prefirieron dejar el trabajo a uno de sus empleados. Después de dotar el refugio con instalaciones eléctricas, pisos y una pequeña mesa con sus respectivas sillas, la casita se ha convertido en el centro de reunión de Drake y Harper, sus dos pequeños hijos.

Al otro lado de la moneda están John y Kristi Schiller, una pareja texana que por la exorbitante cantidad de 50 mil dólares no solo obtuvo el refugio perfecto para su hija de 4 años de nombre Sinclair, sino también un lujoso adorno de jardín que es el tema central de las conversaciones en todas las reuniones y fiestas que ofrece la pareja. La casita de dos pisos abarca una superficie aproximada de 16 metros cuadrados y posee un estilo Cape Cod que hace juego con la residencia familiar. Los muebles al interior de esta casa de juego están fabricados a escala y yacen sobre un piso de madera real.

El lugar posee además una chimenea falsa, agua potable, electricidad, aire acondicionado, ventanas con mosquiteros y jardineras con begonias reales; en la cocina destacan el lavabo de acero inoxidable y el refrigerador completamente funcional, lleno de jugos y dulces a la entera disposición de los huéspedes. Para cerrar con broche de oro –así es, todavía hay más– en el segundo piso un reproductor de DVDs y una televisión plasma de 32 pulgadas son el centro de entretenimiento perfecto para la pequeña Sinclair y sus posibles invitados.

Con tantas características, no cuesta entender porque la señora Schiller, una ex modelo de playboy, describe la casa de juegos de su hija como un bling para el jardín.

Y así podemos continuar enumerando los ejemplos: Dan Burnham, director ejecutivo de Raytheon y dueño de un maravilloso castillo en el árbol. La estructura cuenta con un tejado a dos aguas hecho de hojalata ondulada, vigas talladas a mano, ventanas de vidrio laminado resistente a los golpes, una trampa, tres tipos de escalera y dos puentes colgantes que complementan el centro de recreo.

Ver tantas opciones me ha traído muy buenos recuerdos de cuando no era necesario jugar con videojuegos y bastaba con la imaginación propia para pasar un rato muy agradable. Sin embargo, también me ha dejado un poco contrariada y es que si nos ponemos a pensar, por el precio de éstas casas de juguete se podrían pagar hogares reales para personas con dificultades económicas. En fin, cada quien hace con su dinero lo que le place y si tratamos de sacar la lectura más positiva de éste boom por las casas de juego, son una excelente opción para alejar a los niños de la televisión, la computadora y el celular, promoviendo las actividades al aire libre.

Fotografías ©: Kevin Scanlon y Megan Thompson para The New York Times