No hay mejor lugar que la playa. Tiene ya casi un mes que regresé de Playa del Carmen y sigo sin poder olvidarme de su blanca arena y su mar azul. Ansío desesperadamente regresar, dormir arrullada por el sonido de las olas y despertar con el aroma de sal en la nariz. De verdad creo que soy un mejor ser humano a nivel del mar, no se por qué pero me siento plena, soy más feliz cuando camino por la playa, nada parece perturbarme y nunca me alcanza el hastío. Quizá sea cierto eso que dicen de que en el mar la vida es más sabrosa.

Tratando de evocar recuerdos, me topé con el increíble trabajo del profesor Gary Greenberg quien es doctor en investigación biomédica por la University College London. Este sujeto se ha dedicado a explorar el universo que existe en un grano de arena. Armado con un microscopio que le permite observar a 250 veces su tamaño normal, Greenberg ha descubierto que cada grano de arena es distinto y que mientras se camina por la playa con los pies desnudos, reside un basto tesoro de joyas hermosas y brillantes.

Greenberg se dedica a viajar y recolectar granos de arena de diferentes playas. Su colección es enorme y contiene piezas que van desde Japón hasta Irlanda. Gracias a su enorme curiosidad, este profesor descubrió que la arena de la playa es mucho más que restos de roca volcánica, con su trabajo nos demuestra una vez más que el universo es creativo, que es un artista capaz de producir piezas únicas e irrepetibles.

Si de por si la playa logra absorber todos mis sentidos, de ahora en adelante pisaré religiosamente la arena bajo mis pies pues ahora se que estoy caminando sobre piedras preciosas producto del diseño perfecto de la existencia.