Al nacer y crecer dentro de una familia, se van adquiriendo rasgos que definen a la persona en quien te conviertes día a día. Es decir, somos un compendio de actitudes, rasgos físicos y conductuales obtenidos de aquellos individuos que nos rodean. Esto eventualmente desemboca en una especie de confusión, sobretodo, en la adolescencia. En mi caso particular, puedo decir que, esta faceta de mi vida, fue simplemente desastrosa. Hice y deshice a mi gusto. Me rebelé mil veces. Grité, me escapé, me emborrache hasta el punto de la inconciencia y demás cosas que, por el bien de mi reputación, omitiré. Y es que es difícil ser todos y ser uno, es complicado saber que eres y no eres, a quién te pareces y a quien no tanto y al mismo tiempo tratar de descubrir y defender tu identidad.

Jocelyn Allen, es una joven fotógrafa londinense que, a través de una serie de fotografías, trata de representar precisamente está situación en la que nos vemos envueltos todos en algún punto de nuestras vidas. Jocelyn, se dio a la tarea de autorretratarse y retratar a todos los miembros de su familia, imitando sus mismas posiciones, usando las misma indumentaria y en la misma locación. El resultado es una serie de retratos en los cuales se puede observar a esta fotógrafa siendo cada uno de sus familiares.

Me parece un ejercicio bastante interesante. Quizá me parezca un poco difícil relacionarme con su obra pues sólo ella es capaz de ver eso que se dispuso a buscar con este trabajo. Supongo que si yo hiciera lo mismo con mis familiares, también podría encontrar algunas cosas de las cuales nunca me había percatado.

Como parte de la serie, hay unas tomas de Jocelyn siendo ella misma en las cuales sus dos hermanas fungen como la fotógrafa, lo cual yo me atrevo a interpretar como una declaración de independencia que a su vez refleja un sentido de pertenencia a sus raíces.