Recuerdo que antes la idea de morir me quitaba el sueño, tenía mucho miedo de cerrar los ojos y no volver a despertar jamás a la luz del día. Fue después de entender un poco lo que en realidad la muerte significa y saber que no es más que una ilusión para dar paso a una nueva vida que, ese miedo se esfumó.

Lo que si no tolero, ni toleraré jamás, es la idea de que mi cuerpo termine en una fosa carente de oxigeno y de luz. No, yo no quiero eso para este cuerpo que me ha dado tanto placer y dicha, así que he destinado algunos momentos de mi vida a pensar en donde me gustaría que quedaran mis restos. Antes pensaba que sería perfecto que me esparcieran sobre las aguas de un río y fluir para siempre hasta llegar al mar. Me parece una deliciosa manera de rendirle tributo a mi cuerpo una vez que me haya ido.

Otras veces pensé que, aún mejor que navegar eternamente, sería poder ser alimento de un árbol. Así que se me ocurrió la idea de que en vez de que mi cuerpo quede sepultado en un ataúd bajo tierra, preferiría que mis cenizas fueran composta para un nuevo ser vivo.

Lástima que estas ideas termino guardándolas en lo más profundo de mi conciencia y nunca toman forman, de ser así, la idea que les traigo a continuación traería mi nombre.

La Bio Urn es, valga la redundancia, una urna biodegradable hecha a base de cáscara de coco y celulosa. En su interior se colocan las cenizas del sujeto y la semilla de cualquier árbol. Con el paso del tiempo la urna desaparece dejando paso al brote de una semilla llena de vida y color previamente escogida por los familiares. Es decir que, puedes ser parte de un árbol de durazno y sus maravillosas flores rosadas o quizá ser un árbol de mandarina y saciar la sed de tus semejantes.