No me gusta la teoría, siempre he preferido por sobre todas las cosas la práctica. No se a ustedes pero cada que tomo una clase en la cual el maestro no hace más que hablar y hablar sin tener la capacidad de contenerse, no puedo evitar comenzar a escribir o dibujar sobre las hojas de algún cuaderno. Me es completamente inevitable, caigo en un estado que podría llamar meditativo y dejo de escuchar cualquier dato derivado de la verborrea descontrolada del profesor.

La mayoría de mis cuadernos suelen ser completamente blancos, me parecen piezas ideales para bocetar y dibujar, además la sensación del espacio en blanco me motiva y me inspira, me hace pensar en nuevos comienzos, en nuevas oportunidades. Fue hasta que vi estos cuadernos que por primera vez se me antojó regresar a los cuadernos rayados que usaba en la secundaria pero con ligeros e interesantes cambios.

El diseñador, Marc Thomasset, es el responsable de esta suculenta idea, el motivo por el cual estos cuadernos a los que el llama “Inspiration Pad” existen, se deriva de la falta de inspiración, de los bloqueos creativos por los cuales muchas veces algunos de nosotros tenemos la desfortuna de atravesar. La intención es proveer un alivio, una válvula de escape y un aliciente que seduzca de regreso a la musa que se ha perdido en el camino.

Cada uno de los cuadernos es increíble por si mismo, sólo de verlos me imagino todo lo que podría sacudir de mi cabeza en una tarde lluviosa donde no hay nada mejor cosa que hacer que tomar un cuaderno, sentarse cómodamente y dejar que la pluma negra vaya decidiendo poco a poco el camino por donde se le antoja ir. Abandonarte a ti mismo entre un mundo de líneas que marcan caminos, caminos nuevos nunca antes vistos y lanzarte a una aventura que se derrama sobre lo que antes solía la rutina de todos los días.