Desde muy pequeños, empezamos a interesarnos en las cosas que posteriormente se harán nuestras profesiones de toda la vida, ya sean las artes, la cocina, la construcción o la fotografía.

Cuando el ahora fotógrafo francés Pierre Hebert tenía siete años, no tenía idea de como funcionaba una cámara o como se revelaban los negativos para obtener las fotografías, sin embargo, sabía que le gustaba sostener el aparato y hacer fotos. Sus padres, a sabiendas de este hecho, decidieron obsequiarle una Agfamatic 50 en el año de 1975.

Desde ese momento, Hebert aprendió a observar el mundo a través del pequeño lente, pero no solo eso, sino que logró entablar una conexión entre él y la cámara que posteriormente, lo llevaron a estudiar y a desarrollar una exitosa carrera de fotografía.

Lo curiosos es que a lo largo de 36 años, Pierre Hebert creyó que el rollo de esa Agfamatic 50 se había extraviado para siempre. Cual fue su sorpresa al encontrar los negativos en algún rincón de su hogar, los cuales, pudo revelar y revivir una vez más aquellas imágenes que tanto le llamaron la atención cuando era pequeño.

Las imágenes —disponibles en la web del Hebert— nos muestran que ya a tan corta edad tenía una sensibilidad particular para tomar fotografías. De hecho, es en cierta forma intrigante ver como su trabajo actual se parece tanto a las primeras tomas que hizo en su vida.

A veces, me cuesta trabajo creer que algunas personas son naturalmente talentosas desde edades tempranas, sin embargo, yo misma no podría tomar fotografías tan interesantes y definitivamente, no tengo siete años. Evidentemente, no son las mejores fotografías del mundo, pero son una prueba de que más allá de los conocimientos que podemos adquirir en un campo, siempre pesará más el talento innato.

Ha sido muy grato para mi toparme con estás tomas, ojalá todos esos rollos perdidos aparecieran de repente, estoy segura que hay muchos recuerdos que nuestra memoria ha logrado olvidar, pero que siguen congelados en los químicos de la cinta.