Precisamente hace algunos días les comentamos de la instalación artística de Julien Berthier que era básicamente una popa que se mantenía a flote a 45º y que daba la impresión de estarse hundiendo. Pues bien, parece que las exposiciones artísticas sobre el agua siguen creciendo en número y hoy les traemos la propuesta del artista conceptual alemán Frank Bölter, que al igual que el anterior, flotó sobre el río Támesis en Londres hace apenas unos días.

St Katherinees es el nombre que recibió este barco de papel gigante, el cual fue construido inicialmente en el estudio del artista, pero tuvo que ser cortado dado que el medio de transporte que utilizaron para movilizarlo hasta el río no era lo suficientemente grande. Ya en el lugar, Frank y algunos espectadores unieron las piezas una vez más con pegamento caliente, develando un barco de 18 pies de longitud. El material con que se fabricó el bote es el que se utiliza normalmente para fabricar envases de leche y jugo, mejor conocidos como Tetra Briks.

Aunque no es la primera vez que Frank realiza este experimento, si es la primera vez que deja que alguién más navegue en su barco:

Solo he hecho esto unas ocho veces y a veces se me olvida. [...] Nunca antes dejé que otras personas viajaran en el interior.

Entre las personas que tuvieron la oportunidad de viajar en el barco se encuentra el Capitán Bill Mouland, quien disfrutó el paseo sin mojarse ni un poco los pies. El performance de Frank Bölter formó parte de DRIFT10, la bienal de arte que se exhibió este año a lo largo del río Támesis. De acuerdo a la publicidad que se hizo sobre la exposición flotante, el objetivo de la misma era centrarse en el sueño de la infancia de tomar los medios más simples −una hoja de papel y un poco de imaginación− para crear un vehículo con el que se pudiera viajar hasta los reinos de la fantasía ilimitada. Aunque al principio me pareció un poco pretencioso, la verdad es que sí debió evocar a los espectadores su niñez y todas las veces que doblaron hojas de papel para convertirlas en pequeños botes, para jugar al menos por unos minutos, a ser capitán, a viajar por el mundo y tener aventuras. Ahora solo falta que alguién haga un avión de papel gigante para poder volar sobre la ciudad.