Hemos hablado un sinnúmero de veces de los beneficios que nos genera viajar en bicicleta: nos ayuda a ahorrar dinero, no genera emisiones de carbono, nos mantiene físicamente saludables, etcétera. También hemos mencionado las dificultades que implica viajar a dos ruedas, como el límite que nos impone nuestro organismo para recorrer grandes distancias. Una propuesta/solución interesante a este problema son las bicicletas híbridas, que son básicamente bicicletas con motor que nos asisten al momento de pedalear. La mayoría de estos vehículos funciona a base de electricidad, por lo que requieren ser recargadas cada cierto tiempo, aunque ya existen propuestas de bicicletas que se recargan con el uso. Al igual que los automóviles híbridos, estos velocípedos no se encuentran disponibles en todos los países y se caracterizan por tener precios poco accesibles para el cliente.

Este complicado escenario motivó a un grupo de estudiantes del Instituto Tecnológico de Massachusetts a desarrollar una rueda que puede agregarse a casi cualquier bicicleta, con el objeto de convertir el vehículo a un híbrido. La rueda es conocida por el nombre de Copenhagen, mismo que comparten con la ciudad danesa en la que se basaron los alumnos para desarrollar este interesante proyecto, al ser una ciudad que utiliza bastante este medio de transporte y que además, lo promueve muchísimo entre sus habitantes.

Este interesante invento funciona gracias a un motor de 250 watt que se encuentra en el interior de la rueda. Cuando el usuario pedalea, sensores en la misma detectan esfuerzo de torsión. Entonces, cuando los sensores detectan una cierta cantidad de esfuerzo, se empieza a complementar el pedaleo. De esta manera, si uno va subiendo una colina, la rueda te asiste con un poco de impulso para llegar a la cima. No se supone que el usuario deje de pedalear en absoluto y se deje al motor todo el trabajo sucio, uno siempre se mantiene pedaleando y asistido como si un amigo estuviera pedaleando al mismo tiempo que nosotros. La mejor parte es que el motor convierte la fricción generada en electricidad, lo que cargará la batería. Lo mismo sucede cuando el usuario baja una colina, los engranajes en la bicicleta cambian para que el vehículo pueda obtener energía también de ese momento.

Cada usuario puede escoger cuanta asistencia necesita de la rueda, gracias a una aplicación para iPhone que se creo especialmente para el proyecto. El Ministerio del Medio Ambiente de Italia ha contribuido con una donación para que los estudiantes construyan y prueben 12 prototipos en las colinas de San Francisco, si esta fase de prueba tiene éxito entonces buscarán la comercialización y distribución del producto. Se estima que su precio podría ser de $600 dólares como mínimo, bastante considerable si tomamos en cuenta el precio de las bicicletas eléctricas en la actualidad. Espero que podamos ver esta maravillosa idea en unos meses y que incluso, tengamos la posibilidad de probarla para dictar sentencia. No cabe duda que la tecnología avanza a pasos agigantados, mejorando nuestra calidad de vida y en este caso, nuestra manera de desplazarnos.

Vía: Fast Co. Design