Coca-cola es una de las marcas más grandes del mundo que en su momento revolucionó con el tipo de bebidas que ofrecía y en cuestiones de marketing, ha dejado huella tanto en el diseño de sus envases, como en sus campañas publicitarias. Coca-cola es la muestra perfecta de que una botella puede ser tan icónica como un logotipo y es posible reconocerla al rededor del mundo gracias a la forma de la misma y desde luego, por su característico color rojo. Da un poco de miedo reflexionar sobre la cantidad de latas, botellas de vidrio y PET que esta trasnacional vende diariamente, sobre todo si tenemos en cuenta que tanto producirlas, como transportarlas o reciclarlas, consume muchísimos recursos. Muchas personas han tratado de reducir el impacto que generan los envases de refresco fabricando con ellas objetos indispensables para la vida diaria, pero aun queda mucho camino por recorrer.

Por esta razón, algunas personas han desarrollado ideas que, mediante la modificación del empaque, contribuyen a la conservación del medio ambiente. Tal es el caso de Harc Lee, quien desarrolló un concepto de lata de Coca-cola sin color, la cual podría ayudar a reducir la contaminación del aire y el agua que se produce en en proceso de coloración. El problema es que las latas no poseen una figura que le sea familiar a las personas y al retirar el color, el producto pierde impacto visual. Por otro lado, la pintura utilizada en estas latas es en base a agua por lo que no contamina el agua o el aire, además de que la máquina que sería necesaria para prensar el logotipo de la marca en el aluminio implicaría un gasto extra de energía.

Otro concepto interesante es el de Andrew Kim, un estudiante de diseño industrial canadiense. La propuesta de Andrew consiste en modificar totalmente la forma de las botellas de PET, haciéndolas cuadradas con la intención de facilitar su traslado, además de contribuir a la compresión de las mismas para su reciclaje. Este concepto tiene todo a su favor para lograr el cometido de reducir el impacto ambiental que genera la compañía, el problema es que modificar tan drásticamente algo tan esencial como la forma de la botella puede ser un movimiento arriesgado que pocos se atreverían a tomar.

Por último tenemos la propuesta de Orly Peimer Rimon, quien no necesariamente desarrolló su idea con el propósito de reducir el consumo de recursos, pero de quien he decidido hablarles como un ejemplo de lo sencillo que puede ser tomar decisiones perjudiciales al planeta. En primer lugar, tengo que mencionar que en términos de diseño el trabajo de este chico israelí es impecable. Los gráficos del empaque que contiene el refresco y el empaque en sí, son excelentes. La camisa de cartón que protege la lata puede servir además para proteger a las manos si el producto esta frío, sin mencionar que el material del que están fabricadas es totalmente reciclables. Sin embargo, reducir los materiales es crucial para todos, sin importar que tantos beneficios podamos obtener de implementaciones como esta.

Personalmente creo que la segunda propuesta tiene mucho potencial y valdría la pena arriesgarse con ella, al menos en una parte de los productos de la marca, pero el primer paso solo podrá darlo la compañía. ¿A ustedes se les ocurre alguna idea para reducir el impacto que generan grandes compañías como Coca-Cola?