No es algo nuevo, en ciudades como Nueva York y Londres, los bares clandestinos tienen una larga tradición y popularidad. Pero este concepto se está extendiendo, movidos por el hecho de querer experiencia cuando visitamos algún establecimiento, cada vez van apareciendo más bares escondidos en otras ciudades.

Se trata de  locales que no están a la vista y que entrar en ellos se consigue después de realizar una gincana. Por ejemplo, el bar PDT (Please Don’t Tell). Está en Nueva York y para acceder, hay que llegar hasta la dirección y encontrar la hamburgueseria/hot dog’s Crift Dogs. Luego dirigirse a la cabina telefónica, levantar el auricular y esperar a que atienda un encargado quién nos informará si hay sitio y el tiempo de espera. Luego se abrirá una puerta oculta hasta un bar diminuto.

Otro ejemplo neoyorquino es La Esquina/The Corner Deli. Es muy difícil encontrarlo e imposible entrar allí sin reserva. Está detrás de un pequeño y modesto local de comida rápida mexicana. La única pista que indica que hay más de lo que se ve, es un portero sentado ante una puerta gris que dice “Employees only”. Con estas pistas, a cualquier persona curiosa le entrarían ganas de entrar y descubrir qué hay detrás. Si tienes suerte y te aprueban la entrada, te permitirán pasar la puerta gris, ser conducido escaleras abajo y aparecer en la misma cocina. El personal te señalará un corredor que te llevará hasta el bar-restaurante que tiene el aspecto de un calabozo. Entre las especialidades de The Corner hay exclusivos platillos mexicanos y una extensa variedad de tequilas.

En Barcelona, esta cultura de bares clandestinos no está tan expendida, pero, poco a poco, podemos descubrir propuestas de este tipo, como la ya popular (Aquí podríamos entrar en debate de que si un local de estos se convierte en muy conocido, deja de ser clandestino y pierde su autenticidad) Tintotería Dontell, donde detrás de un sitio donde se lava la ropa, encontramos un restaurante de comida creativa.

Vía: Life is Ephemeral