El Hombre, su dios y una taza de café

Disfruto de un buen café en el Bar Iberia de Buenos Aires y recuerdo que en mi adolescencia, cuando mi madre y yo teníamos un café, alguna vez experimenté usar las sobras del café para pintar. Unas amigas y yo nos pasamos horas explorando las diferentes maneras de aprovechar las exorbitantes cantidades de café que dejaba la máquina de expresos. El gusto por experimentar con esta aromática tintura natural no pasó más allá de unos cuantos dibujos.

Por ello me ha dado mucho gusto encontrar el trabajo de Karen Eland, una joven que refuncionaliza obras de arte muy populares convirtiéndolas en odas al café. en una entrevista para Wierd Worm cuenta la manera en que se inició con el café como material artístico, cosa no tan extraña ni poco común.

Encontrar esta información me ha traído buenos recuerdos, pero sobre todo, nos invita a que la próxima vez que tengamos restos de café, un pincel y algo de tiempo, nos divirtamos haciendo unos dibujos aromáticos, como una especie de continuación del placer que nos da una buena taza de café. No importa que sean puros garabatos, verán que es muy divertido y estimulante pintar esta bebida.

Vía: WeirdWorm