
Todo el mundo tiene (o debería tener) un juego de muñecas rusas, de esas que se “comen” unas a otras. A las abuelas les encanta regalar eso, no tengo ni idea de por qué.
Por ahora nadie sabía que hacer con sus matrioskas, pero Fred tiene una estupenda solución: convertirlas en recipientes de almacenaje para la cocina.
Eso sí, para que no se vean tan kitsch las ha pintado de blanco y les ha puesto un poco de relieve. ¿Es eso trampa?
Vía: Nerd Approved









Comentarios