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Ya lo saben ustedes, yo soy una gran fan de casi cualquier artículo que tenga forma de tartita. Me puede, sobre todo si tiene una guinda roja en la parte superior (a pesar de que en la vida real no soporto las guindas).

Por eso me enamoré a primera vista de estas pequeñitas tazas (de té o café), a medio camino entre lo real y el juego de niñas.

El único problema es, cómo no, el precio: 30 dólares por cada taza me parece un abuso, por lo que no las compraría… pero siempre hay gente que se anima.