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Tanto el packaging (una bandeja de porexpán recubierta de plástico, como si estuviera recién colocada en el supermercado) como el diseño del bañador se merecen, por sí mismos, un premio a la originalidad.

El hecho de que alguien se atreva a ir a la playa disfrazado de lonchas de jamón serrano y/o filetes de ternera es ya otro cantar en el que no me gustaría entrar. Pero podría ser interesante.

¿Alguien se anima a ser el primero u os dan miedo los tiburoncillos?

Vía: No quedan blogs