
Me encanta el tierno diseño, como rústico, de todas las cosas de Pinkkis, desde esos estupendos salero y pimientero (que casi parecen una concha de un molusco) hasta los platos que han designado para poner las galletas.
Todo tiene un perfecto aire tradicional pero revisitado desde la modernidad. No dejen de echar un ojo, por ejemplo, a las tazas que tienen, como de desayuno de pueblo de toda la vida. ¡Divinas!
Si andan buscando un regalo perfecto para San Valentín, aquí hay también un estupendo set de dos platos. ¿Enamorados rústicos?










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