
A pesar de que es algo grande de tamaño para poner en la puerta de la casa (por lo menos en un piso, en un chalet sí que tendría holgura suficiente), esta alfombrita de entrada me ha cautivado.
Se trata, ni más ni menos, que de un oso hecho alfombra. Pero un oso que gustaría hasta a los más ecologistas del mundo, porque no está hecho de piel de oso (por otra parte tan calentita en los rigores del invierno), sino de cerdas.
Lo único malo es el precio: 500 euros. Por ese dinero yo no me atrevería a ponerla en la calle… no vaya a ser que llegue algún amigo de lo ajeno y nos haga el papelón.
Enlace: Atypyk








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