Sólo a los suecos se les podría haber ocurrido este desparpajo de originalidad. Ponerle una capucha a una silla, colgando de la parte de atrás, como las sudaderas. Humanizando el respaldo del mueble.
Las patas de la silla son de acero, y el borde es fieltro, pero del bueno, del que no hace pelotilla. No puedo hablar de los colores sin que se me salga una lágrima. ¡Pero qué buena elección verde y blanco!
No sólo es diseño lo que se está vendiendo con esta silla, sino también utilidad (Suecia, ya sabéis, no sabe hacer diseños poco prácticos). El bolsillo sirve para dejar cosas.






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